• 23/09/2026
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Superávit fiscal – déficit empresarial

Superávit fiscal – déficit empresarial

delgado 4 Escribe: Marcelo Delgado (*) –

Esta semana, el presidente Milei cumplió con el precepto constitucional de elevar al Honorable Congreso de la Nación, el presupuesto nacional 2027. Este instrumento de alta política es la herramienta más objetiva del rumbo que le dará el Poder Ejecutivo a la administración del país. Se consignan las prioridades, objetivos y el detalle respecto de los ingresos (política impositiva) y los gastos (preferencias y asignaciones).

El 2027, es el cuarto y último año de gestión del presidente, y, además, se juega el destino de repetir o ceder el puesto al elegido por el soberano. Las últimas gestiones presidenciales, y también los caudillos provinciales, reservan recursos, estrategias, sorpresas y medidas populares, para las instancias decisivas, sea que buscan repetir, o que imposibilitados, procuran una continuidad del su proyecto.

Sin embargo, en estos días, el presidente y parte de su equipo no sólo han ratificado el rumbo, sino que han jurado evitar medidas o decisiones que salgan del libreto libertario.

Algo parecido hizo el presidente Menen en la etapa final de su primer mandato, en vísperas de las elecciones de 1995. Pero la situación era diferente. La convertibilidad le daba aire desde 1991. Las inversiones vinculadas a las privatizaciones, la construcción, energía, tecnología, entre otros sectores, garantizaban crecimiento de la economía, recuperación del empleo, créditos de mediano y largo plazo para la adquisición de inmuebles, vehículos, o incluso para viajes. Muchos se resistían a su estilo, estética y modos, pero en 1995 se rindieron a sus pies y le dieron voto de confianza por 4 años más, con el nuevo marco constitucional según la reforma de 1994.

Lo que vino después es historia conocida y merece un artículo aparte.

La Argentina del año 1989, se parecía, al menos en su economía, a la de finales de 2023. En poco más de 2 años, Menen revirtió la tendencia y realizó reformas que hubieran llevado lustros de gestiones moderadas. En 2024, sin convertibilidad, pero con una férrea disciplina fiscal, Milei y su equipo pusieron en “caja” el déficit fiscal como responsable de la inflación, y comenzó a ceder la presión cambiaria e inflacionaria. Se desregularon sectores estratégicos y se abrió la economía, retomaron las “relaciones carnales” con Estados Unidos e Israel, y se garantizaron regímenes de inversiones para grandes empresas.

Con todo, los resultados no fueron homogéneos. Sectores dinámicos como energía, minería y producción primaria agrícola y ganadera exhiben buen desempeño y mejores proyecciones. Pero esa performance no logra compensar las estrepitosas caídas del comercio, la industria, los servicios y las economías regionales. Esto rápidamente afectó el empleo y el consumo. Creció la deuda de Pymes y de familias y el mercado interno muestra números similares a 1989 o 2001.

El superávit fiscal y una balanza comercial positiva constituyen pilares de la “macroeconomía”, que preservan su sanidad, pero no resultan suficientes para impulsar la producción y el trabajo. ¿Habrá cambios o 2027 será comenzar de nuevo?

(*) Abogado, economista

Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2210 del 19 de septiembre de 2026

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