- 07/09/2026
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Economía “dual” para rato


A casi tres años de cambio de modelo, la macroeconomía muestra signos de estabilidad y consolidación (estabilidad cambiaria, baja del riesgo país, superávit fiscal, reservas, entre otros indicadores). Sin embargo, el impacto en la micro es desigual. Algunos sectores, muy beneficiados, mientras que otros están altamente afectados. Este es el motivo por lo que la economía argentina no logra arrancar de manera generalizada. En particular, la caída sistemática del consumo no sólo es un síntoma de la retracción, sino también comienza a impactar en todas las cadenas de valor.
De este modo, los analistas privados del Banco Central recortaron las expectativas de crecimiento para este año al 2,7% (lejos del 5% proyectado oficialmente por el Gobierno), fundamentado en los siguientes factores estructurales:
Modelo de Economía Dual (Ganadores vs. Perdedores)
La tibia recuperación económica no es pareja. Se concentra casi exclusivamente en sectores capital-intensivos que generan divisas pero emplean a poca mano de obra directa.
El sector energético impulsado por Vaca Muerta, la minería (litio, cobre, oro y plata, entre otros) y el agro.
Sectores paralizados
La industria manufacturera, el comercio y la construcción registraron en julio su nivel más bajo en lo que va del año. Al depender del mercado interno, sufren el impacto directo de la falta de demanda.
El consumo interno ahogado
El motor del consumo representa cerca del 70% del PBI argentino y se encuentra fuertemente debilitado por dos razones:
- Cambio en el gasto familiar: Aunque la inflación mensual se moderó, el poder adquisitivo se desplomó. Hoy, una porción mucho mayor del salario se destina por completo al pago de alquileres, prepagas y tarifas de servicios públicos (luz, gas y transporte masivo sin subsidio), licuando el dinero disponible para compras de consumo masivo o bienes durables.
- Destrucción del empleo formal: El cierre continuo de pequeñas y medianas empresas (PyMEs) —más de 30 mil cierres acumulados— provocó que el empleo formal perdido migre hacia el cuentapropismo informal o plataformas de entrega. Esto deprime la masa salarial general de la economía.
El freno en el crédito privado
A pesar de la aparición de los créditos hipotecarios, el crédito en pesos al sector privado general se estancó notablemente. El Banco Central endureció los encajes bancarios y desarmó letras claves (LEFI), lo que provocó un salto en las tasas activas (las que cobran los bancos comerciales). Las PyMEs sufren altas tasas de interés, acumulación de deudas financieras y embargos, impidiendo que el crédito funcione como apalancamiento para la producción diaria.
Cero obra pública y falta de inversión extranjera directa
La política de déficit cero mantiene completamente congelada la obra pública nacional. Esto no solo hundió al sector de la construcción y sus industrias satélites (cemento, hierro) sino que frena las mejoras en infraestructura logística indispensables para reducir los costos de las empresas. Asimismo, las inversiones internacionales de gran envergadura aún se mantienen cautelosas y en fase de estudio a la espera de señales de estabilidad política a largo plazo.
Con un salario “Mínimo Vital y Móvil” decretado para septiembre de 2026 de $383.800 mensuales ($1919 por hora.); la economía dual llegó para quedarse largo rato.
(*) Abogado, economista
Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2208 del 5 de septiembre de 2026


