• 23/09/2026
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“COMPRAR, USAR Y TIRAR” ¿Es posible ponerle una barrera al consumo desmedido?

“COMPRAR, USAR Y TIRAR” ¿Es posible ponerle una barrera al consumo desmedido?

FLORENCIA VILLAR Escribe: Florencia Villar (*) –

¿Cuántos pantalones de jean necesitamos para sentir que tenemos un pantalón de jean? ¿Cuánto pares de zapatillas nos hacen creer que no estamos descalzos? ¿Cuánto tiempo mi celular es último modelo?
La imperativa necesidad de pertenecer a cierto grupo social y la velocidad de consumo, se convirtió en identidad, Hoy el celular que funciona perfecto, pero ya tiene dos años, me hace dejar de ser visto como cierto sujeto valioso social.
Y el valor económico de un celular nuevo es casi como el de una heladera o más. Desproporcionado. Y si mi auto es viejo (10 años) seré catalogado como “pobre” en mis grupos de pertenencia.
Lo que me obliga a desechar cosas útiles todo el tiempo para adquirir a cualquier costo, cosas nuevas. La necesidad no está fijada en el objeto de utilidad, sino en identidad.
Quienes tenemos más de 40 años, nos criamos con la heladera de la abuela. Cuando ella la adquirió, era un artículo de ultra lujo que acompañó la familia durante medio siglo. Nosotros la cambiamos. No porque no funcionara sino porque había otras más modernas.
Lo mismo pasó con el Ford Falcon de mi mamá. Tuvimos que despedirlo con un duelo como si se tratara de la muerte de familiar. Pero andaba como el primer día. 

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En la ciudad de Livermore, California, existe una bombita de luz de carbono que permanece encendida casi ininterrumpidamente desde el año 1901. Fabricada por la empresa Shelby Electric, lleva más de 120 años de funcionamiento continuo.
En 1924, los principales fabricantes mundiales de iluminación formaron el Cartel Phoebus, un acuerdo oligopólico diseñado para limitar la vida útil de las bombillas de 2.500 horas a un máximo de 1.000 horas. Fue el primer caso documentado de obsolescencia programada planificada a escala industrial.
Y acá estamos. Mirando los nuevos teléfonos celulares, aunque aún no aprendimos a manejar todas las funciones del que tenemos.
Pero detrás de nuestras decisiones aparece el debate de fondo.
Quienes lo ven positivo desde lo económico sostienen que esa obsolescencia mantiene la producción activa y asegura la rotación de mercancías en el mercado, a la vez que favorece la financiación de investigaciones tecnológicas y el empleo en cadenas de montaje.

Por el contrario, quienes ven lo negativo argumentan que incrementa de forma masiva la basura electrónica y agota los recursos naturales del planeta a la vez que obliga a los usuarios a destinar presupuestos constantes a reposiciones y reparaciones.
Mientras tanto seguimos buscando la felicidad entre lo eterno y lo descartable.
Tal vez la Inteligencia artificial tenga respuestas que la inteligencia humana no llega a conciliar.

(*) Florencia Villar es abogada y está terminando su doctorado en Filosofía.


Fuente: Publicado en La Pericana, edición 506 del 20 de septiembre de 2026

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