- 16/02/2026
- 10 de minutos de lectura
Van quedando pocas empresas Chapa J

En las últimas décadas ha sido muy importante el cambio de conducción en actividades sanjuaninas.

La fuerte inmigración de la segunda mitad del siglo IXX y los primeros años del XX, no solo hizo crecer la población y la economía argentina, sino también, implicó un fuerte desarrollo de unidades productivas, comerciales y de servicios, que se consolidó, después de la segunda guerra mundial.
Argentina paso de 1.8 millones de habitantes en 1880, a 11 millones en 1930, la exportación de granos y carnes, paso de 300.000 Tn a 2.000.000 de tn. El ferrocarril, que tenía un poco más de 2.000 kms a mediados del siglo IXX. Llego a más de 30.000 Kms en 1.930
San Juan, no fue la excepción, y familias como Graffigna, Del Bono, Langlois, Estornell, Lopez Pelaes, Pulenta, Montilla, a los que se agregaron grandes empresas que pusieron al frente gerentes con gran autonomía y poder de decisión, como Cinzano, Saint Remy por nombrar algunas. impulsaron la industria del vino, del aceite, de los destilados, entre otros los mejores vinos, vermouth y calvados del pais. Los agricultores, desarrollaron sistemas de riego y se extendió la superficie productiva, inicialmente liderado por el cultivo de la vid. Al mismo tiempo, se desarrolló la minería de cales, piedras de aplicación, mármoles, cerámicas, que se fueron expandiendo en toda la región. Familias venidas de Europa, Asia y norte de África, se afincaron en nuestras tierras
La industria, impulsó el comercio y los servicios. Surgieron concesionarias de vehículos, servicios de transporte, tiendas de ramos generales, supermercados, servicios inmobiliarios y financieros, medios de comunicación, servicios de salud, entre otros que acompañaron este desarrollo, con la actividad de profesionales de la ingeniería, abogados, escribanos, contadores, médicos; que durante la segunda mitad del siglo pasado, crecieron al ritmo de la economía y la tecnología.

Las organizaciones empresariales, nacieron vinculadas a familias locales o inmigrantes que se radicaron, y centraron sus actividades en la provincia y la región. Así fue como se crearon instituciones deportivas o se construyeron grandes chalets.
La Chapa “J”, identidad de los vehículos automotores hasta los años 90*, se hacía presente en las grandes decisiones de los destinos provinciales.
Los cafés, en cercanías de la Plaza 25 de mayo, se constituían en foros de discusión, que regulaban el precio del vino, algunos destinos de la obra pública, el desarrollo de redes para constituir nuevos negocios, entre otras. Ser parte de esas mesas, no solo era un privilegio, sino también, estaban reservados los locales, o invitados con respaldo y aval de un miembro destacado.
En los 90”, la promoción industrial, trajo empresas con rueditas (más allá de los galpones fraudulentos), y empresarios foráneos, incursionaron en la Provincia. Muy pocas, quedaron luego del cese de los beneficios fiscales. Pero comenzó un proceso invisible, gradual y sostenido, del cambio de la matriz de propietarios de las unidades productivas más importantes de la Provincia.
Las cadenas nacionales e internacionales, comenzaron a reemplazar las empresas locales. incursionando en el mercado interno de consumo masivo.
Aún resisten, con gran esfuerzo, grandes superficies como América, Cabral, Miriam, o Don Eduardo en medio de una ola que en lo que va del milenio representó el avance de empresas foráneas.
Bancos locales, no quedan. Desaparecieron el Hispano, el Agrario o la cooperativa de Pocito y hasta el banco San Juan quedó mayoritariamente en manos foráneas.
Pocas bodegas locales se mantienen firmes, como Putruele o los Bercovich Pulenta y otras, siguen con problemas financieros algunas. Lo cierto es que son pocas las que tienen llegada a las góndolas nacionales. Grandes firmas cambiaron de sede o son dirigidas desde afuera.
Lo mismo pasa con las caleras, y la industria de rocas de aplicación, no solo hay un gran avance de firmas que son dirigidas desde afuera, sino que sus propietarios y ejecutivos hacen muy poco o nada por integrarse a la sociedad.
Lo mismo está ocurriendo hoy con algunos medios de difusión, que son adquiridos y gestionados por propietarios con intereses en otras provincias.

Capítulo aparte, merece la minería donde empresas pretenden ingresar al mercado local, y hacen lobby por contratos, mientras que en sus provincias, prohíben la actividad.
Una buena parte de las grandes obras públicas y privadas, las realizan empresas foráneas, que si bien contratan personal obrero sanjuanino y tienen sede local, gerencian y administran las mismas desde afuera de la provincia.
Se fue instalando el concepto, que lo de afuera es mejor. Al igual, que el ministro Caputo o Patricia Bulrrich, prefieren vestirse afuera, como lo hacen todos los que viajan, los sanjuaninos olvidamos que San Juan es residencia de importantes empresas textiles y de confección que sobrellevan los mismos problemas que otras industrias.
Lo mismo pasa con el tomate para salsa y hasta con el pistacho y el aceite de oliva, sectores donde San Juan ha avanzado hasta convertirse en principal productor del país, y que de a poco comienzan a tener la competencia de otras con sus cuadros gerenciales fuera de la provincia.
El tema llega hasta el campo profesional donde al mínimo problema de Salud, hay gente que busca soluciones en Buenos Aires.
Ni hablar del comercio que compite con los alquileres que pagan los organismos del Estado o las grandes firmas y con el comercio electrónico.
Hoy la Chapa J deja de estar en muchas concesionarias de autos, en algunas farmacias y droguerías en casas de comida y hasta en la mente de pacientes que buscan en otras provincias las curas de sus males.
De a poco, nos vamos acostumbrando a que nos digan, que para resolver un tema tienen que hablar con el coordinador, encargado que a su vez trata con un gerente; en Mendoza, Córdoba o Buenos Aires y en algunas empresas en otros países.
Lo cierto es, que cada vez hay menos empresas de residentes locales, y las decisiones, ya no son parte, del ecosistema local.
Esto es ¿bueno, malo, o simplemente no nos afecta? Las causas, ¿están vinculadas a nuestra propia dinámica socio cultural, o tiene que ver con un sistema global, que se impone en el devenir de este tiempo? En el futuro, ¿se intensificará este proceso, o será una moda, que pasa con la temporada?
La función de quien escribe esta nota termina con la descripción de una realidad que se acentúa con los años.
(*) Abogado, economista
Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2179 del 14 de febrero de 2026


