- 10/06/2025
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Como vivían los abuelos

Ilustración de Miguel Camporro
Por Juan Carlos Bataller –
Cuando mis abuelos —como los de tantos— llegaron a la Argentina en las primeras décadas de este siglo, tenían dos preocupaciones básicas: un techo y un trabajo que les permitiera vivir.
En aquellos años, los gastos de un hogar eran muy pocos:
# No había electricidad o se pagaba muy poco por ella.
# No había gas ni agua potable en la zona rural.
# Por supuesto, no existían servicios que hoy se pagan, como televisión por cable o satelital, tarjetas de crédito, obra social, aportes jubilatorios, emergencia médica, cuota sindical.
# La poca ropa que se usaba no era de marca y en gran parte se hacía en las casas.
#Los chicos, por lo general asistían poco más que a la escuela primaria y no había colegios privados.
# Casi nadie pagaba impuestos.
# No tenían autos por lo que no pagaban seguro ni combustible, ni arreglos ni estacionamiento medido, ni cochera.
# Las diversiones eran escasas: no existían plataformas digitales ni iban al cine ni tenían computadora.
#No tenían teléfono fijo y mucho menos celular.
#Tampoco pagaba cuotas pues no existían la mayoría de los electrodomésticos ni los elementos de confort, como aire acondicionado, calefactor, heladera, procesadora de alimentos, etc.
#Tampoco existían las cuotas del club ni los uniformes escolares ni las “fiestas de egresados” de la primaria, de la secundaria, del jardín maternal…
En pocas palabras, nuestros abuelos tenían pocos gastos para montar y mantener una casa.
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Pero, además, en los hogares se producía mucho de lo que se consumía: las gallinas daban sus huevos y su carne; la vaca proporcionaba la leche; el monte, la leña; el cerdo, los embutidos que duraban todo el año y se conservaban en grasa; se horneaba el pan, se preparaban conservas, salsas y dulces…
En toda finca se cultivaban legumbres y la quinta proporcionaba las frutas. Crecía el maíz como alimento para las gallinas y en todas partes había plantaciones de alfalfa para los caballos, que eran el principal medio de locomoción.
Es así como nuestros abuelos tuvieron una vida de trabajo, de sacrificios y de pocos gastos. Y muchos de ellos pudieron progresar.
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Si analizamos la realidad de nuestros días más de uno dirá: con lo poco que gastaban nuestros abuelos yo también podría vivir con mi sueldo.
Pero no es así.
Hoy, por todo se paga.
Antes de pensar en comer hay que tener en cuenta todos los gastos fijos que enfrenta un hogar.
Y es aquí donde surge el gran tema que todos debemos analizar.
Porque la mayor parte de la gente, igual que en aquellos tiempos, vive del trabajo agrícola, del empleo público, del puesto docente.
Trabajos que en general siempre estuvieron mal pagos.
Y que alcanzaban para mantener una vida digna con los gastos de principios de siglo pero no con los gastos que una familia enfrenta hoy.
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Esto, que es tan simple de explicar, es lo que se llama desarrollo económico.
Los países que alcanzan mayor desarrollo brindan trabajos más calificados, relacionados con la informática, con la investigación, con los servicios.
Los países menos desarrollados siguen teniendo una base agrícola o a lo sumo industrial.
Y ese término, desarrollo, no debe confundirse con el crecimiento económico.
Porque la economía puede crecer y la gente continuar viviendo mal.
Esta es la opción de hierro que enfrentan sociedades como la nuestra: o encaramos un modelo productivo basado en exportaciones con gran valor agregado, desarrollamos el turismo que trae divisas, ponemos en marcha una minería ligada a procesos que vayan más allá de la simple etapa extractiva y alentamos las actividades del conocimiento… o, poco a poco, aunque estemos en los años 2 mil, mucha gente seguirá viviendo como lo hacían nuestros abuelos. Y esto, lamentablemente, no se resuelve con ideologías o buenas intenciones.
Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2147 del 7 de junio de 2025

