• 02/06/2025
  • 11 de minutos de lectura

Y de pronto nos vamos quedando sin identidad

Y de pronto nos vamos quedando sin identidad

Juan Carlos Bataller. Por Juan Carlos Bataller –

El fenómeno de llama globalización.

Y aunque nos cueste mucho ser parte de ella y sea cada vez menor nuestro poder de decisión, lo concreto es que tampoco podemos quedarnos afuera del acelerado proceso.

La globalización es el proceso por el que la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo unifica mercados,

sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global.

Uno de los resultados es que los modos de producción y de movimientos de capital se configuran a escala planetaria, mientras los estados nacionales y sus gobiernos van perdiendo atribuciones ante lo que se ha denominado la «sociedad en red».

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De pronto y sin que buena parte de la sociedad lo advierta, la cultura global entra en nuestras vidas.

Las mentes más jóvenes son el campo más propicio para lograr esa culturización acelerada que se expresa a través de las comidas, el deporte, el cine, los contenidos de las redes sociales y hasta las formas de producir y trabajar.

Y acá viene la primera reflexión.

No es necesariamente malo que eso sea así. Lo triste es que esa misma cultura global no se enriquece también con el aporte de nuestra cultura.

No llegamos a entender que la cultura es la representación de lo mejor y más valioso de nuestro patrimonio, un legado que es necesario conservar, que pertenece a todos y que por ello debe ser transmitido, aprendido e interiorizado.

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Le doy algunos datos:

El cinco por ciento de los países produce el 95 por ciento de los contenidos culturales que todos consumimos. Ese cinco por ciento de países que van imponiendo sus culturas –sin necesidad de armas ni guerras como hacían antiguamente los conquistadores- van cambiando rápidamente nuestra forma de vida, nuestros hábitos, nuestras costumbres.

Pero hay más: de cada 10 mil habitantes, sólo uno produce contenidos culturales y 9.999 sólo consumen.

El 40 por ciento de la población sanjuanina no tiene acceso a la televisión sanjuanina. La televisión satelital, manejada por empresas foráneas, no sube los programas locales. Y si los sube es sólo para el área regional.

Hay gente que no lee diarios, sólo ve televisión satelital o se informa a través de redes internacionales y no escucha radios o escucha a las que retransmiten emisoras foráneas. ¿Consecuencias? Ni siquiera sabían quienes eran los candidatos locales en las últimas elecciones.

La ausencia de televisión local y la fuerte penetración foránea, hasta han cambiado el idioma en muchos niños más pequeños. Términos como nevera, carro y el tratamiento de tu son cada día más comunes.

Pocos son los menores de 25 años que leen libros, diarios o revistas. Tampoco ven televisión abierta o escuchan radios AM. Para ellos las vías de comunicación se llaman Instagram, Twitter, Facebook, Whatsapp, Youtube, Snapchat, Spotify, youtube, Pinterest, badoo o Google.

Los partidos de la NBA tienen más seguidores que el básquet argentino. Muchísimo más que el básquet sanjuanino.

El futbol español, el italiano, el inglés y el francés compiten con el futbol local. Nuestros niños saben como forma el Barcelona pero no conocen a la mayoría de los jugadores de Boca, River o San Martín.

Las hamburguesas –Mc Donalds, Burger- son más populares entre los chicos que las empanadas o el asado.

Los personajes de Disney están en las mochilas y cuadernos de casi todos nuestros hijos y nietos.

Los celulares se han transformado en objeto de culto –indispensable- para todas las edades. Están más presentes en las mesas familiares que los dialogos con padres y abuelos.

HBO, Movicity y Fox y Disney desplazaron a los videos clubes, a través de plataformas como Directv, Netflix,  Prime o Youtube.

El deporte nacional está siendo cooptado rápidamente por las grandes cadenas televisivas internacionales, las que los han transformado en espectáculos pagos de consumo hogareño. Y para colmo de males, al servicio de las casas de apuestas, controladas también por multinacionales.

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Junto con esos cambios vienen otros como son las marcas de ropa que usamos, los celulares que compramos, los lugares donde realizan sus “viajes de estudios” o de cumpleaños de 15 de nuestros jóvenes, los sitios donde veraneamos, las compras que hacemos por Internet o la música que consumimos.

En pocos años –apenas un par de décadas- hemos visto como nos acostumbrábamos a los bancos extranjeros, los hipermercados internacionales, los diarios digitales.

Ya es una realidad que crece día a día la teleeducación. Se viene ahora la telemedicina y todas las “tele” que usted pueda imaginar.

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Y volvemos entonces al comienzo de la nota.

Este mundo nos puede gustar o no pero la globalización llegó para quedarse.

¿Qué hacemos? ¿Reservamos el mejor sillón de la casa, frente al televisor? ¿Nos vamos a comer a Mc Donalds una hamburguesa triple con la cajita feliz incluida? ¿Ponemos el parlante a todo volumen para escuchar la música que nos trae Spotifay? ¿O nos conformamos con las cargadas vía whatsapp cuando River le gana a Boca?

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Seamos sinceros.

Me encanta este mundo moderno.

Me entusiasman todas las posibilidades que ofrece.

Utilizo la mayoría de las plataformas. Veo grandes películas en Netflix o Prime, me encanta ver un partido de la NBA, acepto que el Real Madrid o el Barcelona tienen mejores jugadores que San Martín o Sportivo Desamparados.

Pero también quiero que el mundo nos conozca, que sepa de nuestra cultura.Nuestra cultura debe seguir siendo nuestra identidad. La globalización es un proceso que no está completo si ahoga a todas las expresiones en nombre de una homogenización de una punta a otra del planeta, olvidando todas las costumbres y tradiciones.

Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2146 del 31 de mayo de 2025

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