• 19/05/2025
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La tercera guerra mundial

La tercera guerra mundial

Juan Carlos Bataller. Una nota de Juan Carlos Bataller

Algunos amigos, con genuina preocupación, me preguntan cada tanto:
– ¿Estamos cerca de una guerra mundial?
Uno ve la cantidad de conflictos que existen en el mundo y no deja de entender la preocupación de la gente.
Para el ciudadano medio la realidad de medio oriente, la larga guerra de Rusia y Ucrania, los hechos terroristas que dos por tres nos indignan y alarman, las declaraciones altisonantes de algunos líderes mundiales, son una puerta donde en cualquier momento puede estallar el conflicto mayor.
Y para ese ciudadano medio los grandes protagonistas de ese potencial conflicto son los Estados Unidos de Trump y la China de Xi Jinping.

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Seamos claros.
La verdadera guerra a la que ya estamos asistiendo es una guerra tecnológica y comercial. Una guerra donde el campo de batalla no está en las flotas que controlan los mares ni en los aviones supersónicos y mucho menos en el poderío nuclear sino en la logística que cada potencia controla, llámense ferrocarriles, puertos, túneles, autopistas, satélites, fibra óptica. Y en los recursos minerales y energéticos que sostengan las economías.
En otras palabras: las armas de esta guerra son las cadenas de producción, de almacenamiento y de suministro y las relaciones que se van tejiendo sobre la base de intereses comerciales muy concretos.

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Los grandes jugadores han mostrado sus cartas.
China lleva años construyendo infraestructura y financiando deudas de países menos desarrollados.
Y en los últimos tiempos, los EEUU de Trump tratan de controlar ese avance imponiendo barreras comerciales, como son los aranceles.
El tema es que China sigue entrando en terceros países haciendo llegar mercancías que se ensamblan y salen a los mercados mundiales como productos de esas naciones. Y no son ni uno ni dos países. Es medio mundo.

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Eso es lo que obliga al gigante del norte a marcar diferencias entre los que estén alineados con una u otra potencia. Tras los cuatro años de pasividad de Joe Biden, Trump sale a presionar abiertamente enviando altos funcionarios de su administración, avalando la condonación de deudas y fijando nuevos acuerdos preferenciales de comercio.
Naturalmente, atrás de cada acuerdo la condición es insoslayable: “Estás con China o estás con nosotros”.

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China no permanece inactivo ni se va a detener. A la financiación de infraestructura le agrega ofrecimiento de alta tecnología, como satélites e inteligencia artificial, además de acceso a la modernidad que hasta ahora sólo parecía podían proporcionar los países europeos o el mismo Estados Unidos.
Veamos simplemente el caso de San Juan. China comparte intereses mineros con Canadá, intereses astronómicos con la universidad y hasta en algún momento hubo propuestas de empresas chinas para construir el camino a Chile. Naturalmente, si China estornuda nosotros nos resfriamos. Es lo que pasó este año con el tomate para salsa del cual San Juan es el principal productor argentino. Bastó que entrara el producto chino a un precio muy económico para que los agricultores locales quedaran descolocados.

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En el plano nacional ocurre otro tanto. China es un importante destino de las exportaciones argentinas y un importante origen de importaciones. En 2022, China representaba el 21,5% de las importaciones argentinas y el 15% del comercio bilateral.  Las exportaciones argentinas a China incluyen principalmente productos primarios, como soja, sorgo, y productos agroindustriales. Las importaciones argentinas de China incluyen una amplia variedad de productos manufacturados.  Esto hace que la balanza comercial entre Argentina y China suela ser deficitaria para Argentina, con importaciones superando las exportaciones. En los primeros 9 meses de 2024, el déficit comercial fue de US$ 2.912 millones. 

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Esta situación se repite en la mayor parte de los países, sea cual sea su alineación ideológica.
Este es el escenario de la confrontación entre potencias.
Con una China que posee una quinta parte de la población mundial, que creció tecnológicamente, que intenta controlar la logística construyendo caminos, ferrocarriles y fibra óptica y –fundamentalmente- que está dispuesta a seguir avanzando.
La pregunta es si el mundo está dispuesto a dejar de ser espectador de la construcción de un nuevo orden global diseñado por Pekín donde el mapa está en los corredores logísticos, en las cadenas de suministro, en los cables que nadie ve, pero todos usan. Y si Estados Unidos está en condiciones de responder en ese campo.

Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2144 del 17 de mayo de 2025


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