- 04/05/2023
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Finlandia y su histórico volantazo político


Finlandia es ese país perfecto, con paisajes paradisíacos, economía gloriosa, la mejor educación del mundo y la población «más feliz» del planeta según varios estudios. Un país nórdico con todo lo que ese término implica.
¿Cuándo fue la última vez que se escuchó una mala noticia de Finlandia? Difícil saberlo, ya que también se caracteriza por su discreción y cultura del silencio. Dicha costumbre se vio afectada desde que comenzó la guerra, ya que el mencionado país comparte miles de kilómetros de frontera con Rusia, y el temor de una invasión ha sido un tema latente.
Semanas atrás, las elecciones nacionales arrojaron como resultado el triunfo del partido conservador Coalición Nacional con su líder, Petteri Orpo, como referente. En unos ajustadísimos comicios, los conservadores sumaron el 20,8% de los votos, por delante del crecimiento de los nacionalistas, que obtuvieron su mejor resultado histórico con el 20,1%. El oficialismo, a cargo del Partido Socialdemócrata de la primera ministra, Sanna Marin, quedó relegado a la tercera posición, con el 19,9%. Al tratarse de un sistema de coaliciones, los conservadores necesitarán aliarse para desbancar al socialismo.
Los socialdemócratas mejoraron sus resultados respecto a 2019, pero no lo suficiente pese a los altos niveles de popularidad alcanzados por la Primera Ministra Marin, y una proyección internacional poco habitual entre los políticos finlandeses. Su buena gestión de la pandemia, su firmeza en el proceso de adhesión a la OTAN y su liderazgo moderno no fueron suficientes para cautivar a una población preocupada por lo económico y no por temas «periféricos».
Está votación se ha celebrado en un momento decisivo para Finlandia. El país de 5,5 millones de habitantes está próximo a completar el giro histórico que comenzó hace casi un año, al abandonar su histórica neutralidad y solicitar la adhesión a la OTAN, un proceso que ha entrado en la recta final tras la reciente aprobación en los parlamentos de Hungría y Turquía, que mantenían el veto por su cercanía política e ideológica con Rusia. La campaña electoral por parte de los ganadores, sin embargo, no se centró en la guerra, sino en cuestiones económicas relacionadas con el encarecimiento de los productos básicos, de la energía, y la necesidad de llevar a cabo, sin pudor, un ajuste. El discurso de una importante reducción del gasto público es lo que terminó inclinando la balanza.
En cuanto a las negociaciones para formar la coalición de gobierno, los cuatro partidos de derecha en el nuevo Parlamento ya han iniciado conversaciones. La Coalición Nacional ha anunciado que no tiene problema en sumar a los extremistas como socios y abandonar el camino del progresismo que había colocado al país como referente de las socialdemocracias europeas. Dicho esto, las negociaciones no se prevén sencillas; hay propuestas radicales en materia de inmigración, derecho a asilo, política medioambiental, o la mismísima relación con la Unión Europea, de la que más de un nacionalista ha pedido un «brexit» finlandés. En pocas semanas debería de consolidarse el nuevo gobierno de Finlandia, que será el más inclinado a la derecha de su historia, con un pueblo que ha hablado en un momento de crisis sin parangón y con una guerra vecina.
Fuente: Nuevo Mundo, edición 701 del 3 de mayo de 2023


