• 02/12/2023
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Reflexiones acerca del proceso de conocimiento

Reflexiones acerca del proceso de conocimiento

Julio Conte Grand 1 Por Julio Conte-Grand (*) –

La realidad se impone al hombre como algo dado en su totalidad, en el sentido de res extensa, es decir, todo lo que es. Estrictamente, como objeto de su conocimiento; del latín ob-iacere, lo que yace, lo que está frente al sujeto que conoce.

Por otra parte, el ser humano se encuentra atraído por una tendencia natural que hace a su esencia —antropológicamente hablando— a descubrir la realidad, aprehenderla y comprenderla, es decir, conocerla. Así, dijo Aristóteles: “Todos los hombres desean saber” (Metafísica, I.1.).
Es una dimensión humana definida como apetito cognoscitivo.

El proceso de conocimiento consiste precisamente en ese camino que se inicia con la tendencia a aprehender la esencia de la realidad y llegar a la verdad; por una inclinación natural, el ser humano busca la esencia de las cosas, la verdad intrínseca que anida en la realidad misma.

El ser humano se inclina hacia la realidad con pretensión natural a aprehender sus esencias y genera así un proceso que se desenvuelve en dos planos, sensitivo e intelectivo, y se va generando una vinculación íntima entre el sujeto y el objeto.

La asimilación de las esencias que implica el acto de conocer, representa una suerte de conjunción metafísica entre el ente que conoce y el ente que es conocido.  La inclinación es mutua; del sujeto que conoce hacia las cosas a conocer, y de estas hacia aquel.

La realidad a la que se enfrenta el ser humano con ese apetito de conocimiento —el deseo de saber— es en extremo compleja y, de hecho, imposible de aprehender en su totalidad. En consecuencia, se produce en el sujeto que conoce un estado de perplejidad que se sintetiza de la siguiente manera: el ser humano quiere conocer, pero no puede conocer todo.

Existe por tanto un límite objetivo, determinado por la extensión y complejidad propias de la realidad y la finitud humana, que provoca la sensación de que, mientras más conoce, más ignora.

Perplejidad y frustración intelectual que el espíritu humano enfrenta sin embargo con optimismo, también natural, recurriendo a instrumentos que le ayudan a conocer. Motivado por la inclinación antropológica a aprehender la esencia de las cosas, y por la dicha que le genera entender sucesivamente cada vez más.

En efecto, el ser humano, abrumado por la extensión —en rigor infinita— de la realidad y por su complejidad, dispone su inteligencia a separar espacios accesibles de esa realidad que se presenta como un todo pero susceptible de ser fragmentado con el fin de conocer.

De tal manera, la fragmentación de la realidad para poder conocer, no responde a una exigencia esencial, sino que es una imposición de la limitación cognoscitiva del ser humano y de la imposibilidad de conocer todo lo que es.

Se focaliza en consecuencia la atención intelectual en la comprensión de una dimensión de su realidad, una porción de ella, procurando entenderla en esencia y apreciar las razones de su comportamiento y dinámica.

Así, la parte de la realidad que cada saber, ciencia o disciplina examina según el rigor y finalidad cognoscitiva que impone esa realidad es el “objeto material” correspondiente que, por lo demás, ciertos saberes pueden compartir con otros. Por ejemplo, el derecho estudia las relaciones humanas, y comparte ese objeto o parte de la realidad con la ciencia política, la economía, la sociología y la psicología social.

La perspectiva que se escoge del objeto material, o el ángulo desde el cuál se lo examina, es algo singular de cada saber, se denomina “objeto formal” y se lo define distinguiéndolo del resto de los saberes.

Por otra parte, hay una cualidad propia de la naturaleza humana que ayuda al proceso de conocer; es su destacado carácter social.

El apetito cognoscitivo propio del ser humano se integra con su sociabilidad esencial, lo que conforma la naturaleza antropológica humana, ya que no se puede conocer aisladamente. El conocer alcanza plenitud en un ámbito social, que, a su vez, es por definición histórico.

En palabras del Papa Francisco: “No puedo ver por mí mismo lo que ha sucedido en una época tan distante de la mía. Pero ésta no es la única manera que tiene el hombre de conocer. La persona vive siempre en relación. Proviene de otros, pertenece a otros, su vida se ensancha en el encuentro con otros. Incluso el conocimiento de sí, la misma autoconciencia, es relacional y está vinculada a otros que nos han precedido: en primer lugar nuestros padres, que nos han dado la vida y el nombre” (Carta Encíclica Lumen Fidei, 38).

El conocimiento se configura, en consecuencia, como un fenómeno social e histórico; en definitiva, como todo comportamiento del hombre.
Así entonces, la interrelación social y generacional es base del conocimiento pleno, y sustento vertebral del método del diálogo que ayuda a comprender la realidad por el intercambio de experiencias y visiones y, a la vez, fortalece la convivencia.

Como lo ilustrara S.S. Juan Pablo II, “movido por el deseo de descubrir la verdad última sobre la existencia, el hombre trata de adquirir los conocimientos universales que le permiten comprenderse mejor y progresar en la realización de sí mismo (…) Los conocimientos fundamentales derivan del asombro suscitado en él por la contemplación de la creación: el ser humano se sorprende al descubrirse inmerso en el mundo, en relación con sus semejantes con los cuales comparte el destino (…) De aquí arranca el camino que lo llevará al descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos (…) Sin el asombro, el hombre caería en la repetitividad y, poco a poco, sería incapaz de vivir una existencia verdaderamente personal” (Carta Encíclica Fides et ratio, 4).


(*) Procurador General de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires

Fuente: Publicado en Nuevo Mundo, edición 845 del 1 de diciembre de 2023

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