- 23/12/2024
- 5 de minutos de lectura
Nuevos escenarios, renovadas estrategias


Entre los consensos globales, podemos afirmar que el mundo está transitando el mayor cambio de paradigmas universales, de su historia contemporánea. El impacto tecnológico, el crecimiento de la expectativa de vida, los nuevos modelos “familiares” o vinculares, las escalas de valores, preferencias de consumos; políticas de género, valoraciones ambientales, entre muchos aspectos; que están cambiando a velocidades siderales; configuran un nuevo modelo de mundo.
Argentina, es parte de ese mundo global, y con su propia dinámica, también transita esta transformación productiva y cultural. Sin embargo, el año 2.024, marcará un hito en la vida institucional del siglo XXI. A los fuertes cambios y evoluciones globales, se le agrega, un quiebre significativo de la gestión institucional y económica, que caracterizó el primer cuarto de siglo.
Desde comienzos del año 2.000, el rol del Estado, fue ganando terreno, y las políticas públicas, fueron cobrando centralidad en la vida institucional de los argentinos. En materia de economía, las políticas neo keynesianas, caracterizaron la salida de la crisis de 2.001, el fin de la convertibilidad monetaria, y y los altos niveles de desempleo y precariedad, que caracterizaron el comienzo de siglo. Sin embargo, en poco tiempo, esas herramientas lograron revertir la situación, y la Argentina desde 2.003 en adelante, volvió a crecer, como en sus mejores años. Pero al mismo ritmo de expansión económica, no se cambiaron los instrumentos, que están diseñados para la salida, pero son efectivos en el corto plazo. Las gestiones, se “enamoraron” de las herramientas intervencionistas; y lo que fue virtud para salir del estancamiento; fue ancla para consolidar el desarrollo.
“Equipo que gana, no se cambia”. Menem, después de ganarle la batalla a la inflación, se enamoró de la convertibilidad. En 1996, cuando ese modelo estaba agotado, y la salida era una “canasta de monedas”, se quedó con el tipo de cambio fijo. Brasil, que salió de ese esquema, mantuvo indicadores macroeconómicos envidiables, y en pocos años, se transformó en una de las economías “top ten” del mundo, más allá, de los cambios de gobierno. Al igual, Chila, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay, entre otros vecinos. Argentina, no adecuó su modelo y estalló en el 2.001, con la salida bruta de la convertibilidad y una crisis, sin precedentes. Luego, los gobiernos de 2.003 hasta 2.023, incluyendo el periodo 2.015 a 2.019, se quedaron en las políticas intervencionistas y el abuso de instrumentos keynesianos; con un resultado doloroso. Pobreza cercana al 50% y la indigencia superior al 15%.
La llegada del modelo libertario de Milei, es una consecuencia de ilusiones y desengaños; de cansancio social, de propuestas alejadas de las expectativas y necesidades del promedio comunitario. Un cambio significativo de rumbo, que, en su primer año, mostró buenos resultados, pero que aún, sólo beneficia a pocos. La baja de la inflación, sin lugar a dudas, es el mejor logro. Pero con salarios devaluados, y tarifas en ascenso; se neutraliza el efecto positivo de la estabilidad. La macroeconomía, parece encaminada, pero las inversiones, la actividad industrial, el comercio, y el consumo; todavía están por debajo de 2.023.
En este cambio de era, ¿se podrá mantener la evolución de los instrumentos conforme cambia la realidad, o nuevamente las autoridades, se quedarán con las recetas que le dieron resultado? El 2025, tendrá la respuesta.
(*) Abogado, economista
Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2129 del 21 de diciembre de 2024


