• 15/09/2025
  • 3 de minutos de lectura

A veces…

A veces…

Gustavo Ruckschloss Escribe: Gustavo Ruckschloss –

A veces deseamos algo pequeño, sin mayor trascendencia, y lo buscamos con insistencia. Nos aferramos a la idea hasta que, al fin, un día lo encontramos. Desde entonces permanece a nuestro lado: lo vemos, lo tocamos, y nos alegra saberlo cerca. Así pasa el tiempo, en esa compañía silenciosa, hasta que poco a poco se convierte en costumbre. Entonces lo empujamos más allá, lo relegamos. Pasa el tiempo y, entre tantas cosas que vamos acumulando, lo desplazamos aún más, hasta que un día, sin espacio ya para todo el universo que juntamos, lo apartamos definitivamente.

Es en ese preciso instante cuando recordamos cuánto nos costó conseguirlo, cuánto tiempo convivimos con su presencia, cuánto nos alegraba simplemente tenerlo al alcance de la vista y de la mano. Y recordamos también lo que nos hacía sentir. Pero el tiempo, con su paciencia inevitable, lo fue borrando de nuestra mirada. Como decía mi abuelita: “ojos que no ven, corazón que no siente”.

Entonces, a veces creemos que no valía tanto la pena habernos esforzado, porque el entusiasmo que pensábamos inagotable terminó diluyéndose. Otras veces, en cambio, sucede lo contrario: nos sigue gustando verlo y tocarlo, y casi cada día nos gusta más. Esas son las excepciones luminosas que nos alegran la vida.

Muchas veces, simplemente, no hay explicación. Y tal vez sea mejor así.

Fuente: Publicado en La Pericana, edición 457 del 14 de septiembre de 2025


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