- 04/03/2026
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Advierten que la vitivinicultura esta por desaparecer por la crisis hídrica: «los productores se creen dueños del agua»

Un investigador de la UNSJ sostiene que la escasez ya no es un fenómeno pasajero, sino el resultado del cambio climático. El agro concentra el 93% del consumo y reclaman una transformación profunda en el uso del recurso.
La provincia de San Juan atraviesa una crisis hídrica que, según especialistas, no responde a una coyuntura excepcional ni a fallas en las proyecciones meteorológicas. Para Silvio Pastore, investigador del Instituto de Glaciología de la Universidad Nacional de San Juan, la disminución del caudal del río San Juan forma parte de un proceso estructural vinculado al calentamiento global y al impacto de la actividad humana sobre el clima.
El experto explicó que la reducción sostenida del aporte hídrico viene siendo señalada desde hace más de diez años por organismos técnicos y científicos. Entre ellos mencionó a la Universidad Nacional de San Juan, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, el Instituto Nacional del Agua y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, instituciones que han presentado estudios y modelos climáticos a las autoridades provinciales anticipando este escenario. Sin embargo, advirtió que las respuestas no han estado a la altura del desafío. Según remarcó, los datos muestran que la disponibilidad de agua continuará en descenso y la provincia aún no ajusta su planificación a esa realidad.
El científico apuntó a la responsabilidad que tuvieron los gobiernos provinciales que pasaron «que fueron cómplices del sector regantes» y no acudieron a cambios reales, como así también a la peligrosa responsabilidad de los productores que «no quieren modificar el decreto hídrico de los años ´70 por intereses políticos y personales. Se creen los dueños del agua, pero en una escala de importancia, son la tercer actividad que exporta, ubicandose muy lejos de la minería y la industria de las farmacias (que son las que mas exportan) y así todo se llevan el 93% del recurso hídrico. Para colmo, no la pagan, son morosos. Las cosas hay que decirlas como son», apuntó con dureza Pastore.
El agro, principal consumidor del recurso
En el análisis sobre el destino del agua, Pastore puso el acento en la actividad agropecuaria. De acuerdo con cifras oficiales, cerca del 93% del recurso disponible se destina a la producción agrícola, mientras que el porcentaje restante se distribuye entre el consumo urbano, la minería y la industria.
El especialista planteó que uno de los retos centrales será redefinir el esquema de uso para lograr mayor eficiencia. Aclaró que no se trata de cuestionar la actividad productiva, sino de adecuarla a un contexto donde el agua ya no es abundante como en el pasado. En ese sentido, subrayó que sostener prácticas pensadas para épocas de mayor disponibilidad hídrica resulta insostenible en el nuevo escenario climático.
Minería y consumo de agua: cifras en debate
En relación con la minería, el investigador consideró que suele atribuirse a este sector una responsabilidad desproporcionada en la crisis. Indicó que su participación en el consumo total ronda el 1,7%, muy por debajo de la demanda del agro.
Además, señaló que algunos emprendimientos mineros proyectan estrategias de abastecimiento alternativas a largo plazo, entre ellas la utilización de agua desalinizada proveniente del océano Pacífico. A su entender, se trata de una industria que planifica su funcionamiento a varias décadas y que ya contempla mecanismos de adaptación frente al cambio climático.
Posibles cambios en el consumo domiciliario
Pastore también advirtió sobre el impacto que la escasez podría tener en los hogares. La sobreexplotación de acuíferos, explicó, podría derivar en mayores restricciones y en un deterioro de la calidad del agua disponible.
En ese marco, planteó que el servicio de agua potable podría experimentar modificaciones en los próximos años, con limitaciones más frecuentes en el uso y una eventual mayor dependencia del agua embotellada, como ocurre en otras regiones del mundo.
Finalmente, el especialista insistió en que la crisis no es un problema futuro sino una realidad instalada desde hace más de una década. Sin medidas de adaptación profundas y sostenidas, advirtió, la situación podría agravarse en el corto y mediano plazo.


