- 31/12/2025
- 3 de minutos de lectura
Una quinoa argentina, producida en San Juan, podría viajar al espacio por primera vez
La quinoa, cultivo emblemático de la región andina por su alto aporte nutricional y su notable capacidad de adaptación a ambientes adversos, podría marcar un hito para la ciencia nacional. Una variedad desarrollada en el país, conocida como INTA Morrillos, fue propuesta para formar parte de un ensayo internacional que analizará el comportamiento de semillas en el espacio.
El proyecto surge a partir del trabajo del INTA San Juan, que desde hace años impulsa el mejoramiento genético de la quinoa con un enfoque productivo y ambiental. Este cultivo, utilizado ancestralmente, había desaparecido de la provincia luego de la conquista española. Su reintroducción respondió a la necesidad de diversificar la matriz agrícola, fortalecer la seguridad alimentaria y enfrentar los efectos del cambio climático en una región marcada por la escasez de agua.
Aunque el objetivo inicial fue ofrecer una alternativa viable para los productores del oeste argentino y un alimento saludable para la población, los resultados superaron las expectativas. La resistencia demostrada por la variedad despertó el interés de iniciativas científicas vinculadas a la exploración espacial.
Ensayos previos realizados por instituciones argentinas indicaron que las semillas de quinoa pueden soportar condiciones extremas simuladas, como temperaturas extremadamente bajas, vacío y altos niveles de radiación, conservando una elevada tasa de germinación. Sobre esa base, la nueva propuesta apunta a exponer la variedad INTA Morrillos a un entorno real en órbita terrestre, donde estaría sometida a microgravedad y radiación cósmica antes de ser enviada nuevamente a la Tierra para su evaluación.
Para avanzar, el proyecto debe superar una instancia clave: la autorización de los organismos nacionales correspondientes. El envío de material vegetal al exterior requiere cumplir con normas específicas, entre ellas la obtención de permisos, certificaciones y acuerdos de transferencia.
De concretarse, la experiencia permitiría estudiar posibles modificaciones genéticas y estructurales en las semillas, analizar su desempeño tras el viaje espacial y generar información valiosa tanto para la agricultura espacial como para el desarrollo de cultivos más resistentes en el planeta. Además, fortalecería la cooperación científica internacional en áreas estratégicas como la biotecnología y la astrobiología.
La quinoa, ya reconocida como una aliada frente a los desafíos climáticos y alimentarios, podría así proyectarse más allá de la Tierra. El paso decisivo, sin embargo, aún depende de una resolución tomada en suelo argentino.


