- 08/06/2026
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Meter la pata


La historia comienza cuando me estaba vistiendo y me iba a calzar. Como de costumbre, tomé el calzador y, al tratar de acomodar el pie en el zapato, se rompió. Recordé que la última vez que busqué un calzador, ya hace mucho tiempo, me dio trabajo encontrarlo.
Supuse, entonces, que ahora me costaría más. Me iba diciendo que hoy casi nadie los usará. Todo el mundo usa zapatillas hasta para ir a la ópera. Lamentándome por la pérdida, salí a buscar por cuanta zapatería hay, y nada; en negocios de ropa, de deportes, etc. Tendré que usar zapatillas hasta para para ir a los velorios de aquí en más, me seguía diciendo.
En Internet vi que todavía existen, que hay quienes los usan y quienes los venden. Vi que la guerra en Ucrania no había afectado la oferta y que todavía hay gente como uno que tiene buen gusto y sus manías.
Pasé tiempo viendo los distintos tipos ofrecidos hasta que me decidí por uno y lo pedí. Mientras, aprendí que ese utensilio que ayuda a meter el pie en el zapato existe desde hace mucho tiempo y que los hay largos y cortos, de madera, plástico y hasta de metal.
Al recibir el pedido, vi que era mucho más lindo de lo que esperaba y realmente útil.
Una vez más los hechos me premiaron compensando lo perdido. Será una alegría más, de esas chiquitas, pero que alcanzan para mejorarse el ánimo.
Fuente: Publicado en La Pericana, edición 491 del 7 de junio de 2026


