• 26/05/2025
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¡A dónde iremos a parar!

¡A dónde iremos a parar!

Juan Carlos Bataller. Por Juan Carlos Bataller –

Vivimos tiempos de grandes cambios.
Y como siempre, hay gente que glorifica el progreso y otros que se escandalizan.
Analicemos simplemente la impresión que se llevaría una persona que hubiera desaparecido cuando se creó El Nuevo Diario, hace 39 años y pudiera renacer hoy.

> De pronto se preguntaría que es ese aparatito que llevan casi todos los sanjuaninos y les permite comunicarse en el acto con cualquier lugar del mundo. “Hace 39 años sólo había 20 mil teléfonos en casas de familia y hasta para hablar a Jáchal había que pedir larga distancia a una operadora”, seguramente afirmaría.

> “No, es imposible que existan 130 radios y que todas sean de Frecuencia modulada si cuando me fue sólo habían tres y eran Amplitud Modulada”-, sería otro comentario.

> Tomografía axial computada, resonancia magnética, ecografía y decenas de aparatos más son adelantos tecnológicos imposibles de imaginar. “El sexo de un niño no puede saberse hasta el día que nazca”, recordaría nuestro renacido personaje.

> ¿Televisión satelital, Internet, GPS, plataformas digitales? ¿Y eso con qué se come?- se le escucharía decir mientras se asombraría con fenómenos nuevos como la posibilidad de divorciarse, la cantidad de parejas que opta por convivir sin casarse, las farmacias y kioscos que atienden las 24 horas, los remises y  los servicios de delivery.

Y eran lógico que esa persona se asombrara por los cambios. Si cuando nació El nuevo diario todavía existían publicaciones que se hacían con composición en caliente y hoy estamos asistiendo a la lenta agonía del papel.
En medio de todos los cambios aparecen las tensiones sociales por cambios que dividen opiniones. Por ejemplo la educación sexual en las escuelas, los horarios de los boliches, la temprana independencia de los chicos, la televisión basura, las parejas formadas por personas de un mismo sexo, el creciente consumo de drogas.
Pero si vivimos en una era de grandes cambios pensemos en la tremenda repercusión que tuvieron algunos cambios producidos hace un siglo.
Hablemos de nuestra provincia.
Hace exactamente un siglo San Juan vivió una década de grandes transformaciones que influyeron en todos los aspectos de la vida cotidiana.
Aclaremos. No fue mérito de los sanjuaninos. Era el progreso que llegaba a todos los rincones del mundo.

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Pensemos por un momento:
> Comienza el siglo y de pronto llega la telefonía. Y aunque las comunicaciones eran a través de operadoras y los ruidos en la línea y las demoras alteraban a cualquiera, el teléfono fue un gran adelanto.

> Poco después llegó el turno de la luz eléctrica. ¿Tiene idea de lo que eso significó?  Imagine lo que eran aquellas calles transformadas de noche en bocas de lobo. Pero no sólo las calles se iluminaron sino también las viviendas lo que posibilitó un nuevo mundo de artefactos para el confort hogareño. Y las fábricas comenzaron a usar máquinas. Hasta ese momento todo dependía del trabajo humano.

> En 1.908 –hace exactamente un siglo- llegaron los primeros autos que desarrollaban la increíble velocidad de 30 kilómetros por hora, algo que muy pocas veces se lograba por el desastroso estado de los caminos. Y eso permitió que poco después el transporte –hasta ese momento todo pasaba por el ferrocarril o los carros- obligara a construir rutas.
Para que usted se de una idea del cambio digamos que según un censo de 1.909 existían en la provincia 485 cocheros, 712 carreros y 698 arrieros troperos a los que había que sumar los 181 empleados del ferrocarril. Hoy ya no quedan trabajadores en esos sectores.

> Pero eso obligaba también a construir caminos y puentes sobre el río. Recién en 1.893 se hizo el primer puente. Hasta ese momento había que vadear el río.

> También para esos años surge la sucursal del Banco Nación y con el nuevo siglo surgen los bancos sanjuaninos. Con ello cambia el concepto de las operaciones comerciales.

> Sí, San Juan cambiaba. Y aunque la ciudad aun no conocía las cloacas y faltaban dos décadas para que llegara la radio y cinco para que se vieran las primeras imágenes de la televisión, los sanjuaninos podían asombrarse con un nuevo invento que causaba sensación: el cine. Por supuesto, aun en blanco y negro y sin sonido.

> Y los diarios, único medio de comunicación y de tirajes muy reducidos, constituían un anticipo de lo que luego sería la sociedad mediática y ya figuraba en los censos que decían que había 23 personas –todas hombres- que se desempeñaban como periodistas.

Todos estos cambios tuvieron su correlato en las transformaciones sociales. Los hijos dejaron de trabajar en los campos junto a sus padres, muchas mujeres se sumaron al estudio y al mundo laboral, comenzó a cambiar el concepto de familia patriarcal donde sólo el hombre opinaba, llegó el voto femenino, aparecieron los sindicatos…

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Hoy nos toca vivir en un mundo que se está configurando, que será absolutamente distinto del que vivimos, que nuestros descendientes habitarán en una sociedad donde la inteligencia artificial, la robótica, la computación cuántica, la nanotecnología transformarán hábitos, pautas, formas de aprender y enseñar, términos de vida.
Un mundo que ni siquiera alcanzamos a vislumbrar en su real magnitud. ¿Cómo se comunicarán los humanos? ¿Existirá el periodismo? ¿Cuánto quedará en pie de la actual medicina? ¿Qué formas adoptará la justicia? Nadie lo sabe con certeza. Si hasta las verdades filosóficas parecen retrocedes ante una gran cantidad de “likes”
¡Qué nos dice todo esto?
Sencillamente, que vivimos tiempos de grandes cambios. Y que los cambios traen tensiones. Pero –aunque con cambios no tan acelerados- siempre el hombre vivió en un mundo que cambiaba.
Y ante cada cambio hubo reacciones, algunas protestas, gente escandalizada y se escuchó la consabida frase: “¿Adónde iremos a parar?”

Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2145 del 24 de mayo de 2025

 

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