- 26/05/2026
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¡Este cuerpo no es mío!


Creo que este es un pensamiento que tenemos muchas mujeres cuando transitamos el climaterio y la menopausia.
No nos reconocemos cuando nos miramos al espejo. No nos gusta lo que vemos. Nos sobran algunas cosas y nos faltan otras. Las marcas del tiempo no sólo están ahí sino que hacen que la piel tire para un lado o para el otro. Nos vemos hasta el más mínimo detalle, y nos ponemos lentes que usamos para leer para verlos de manera más precisa.
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Nos miramos de frente, de costado, la espalda y la cola. Levantamos aquellas partes que antes estaban más firmes y turgentes. Pellizcamos aquello que pensamos que sobra. Tiramos la piel para atrás, la de la cara, el cuello, la panza. Deseando que en algún movimiento mágico aparezca esa figura que antes reconocimos como nuestro cuerpo.
La edad, El tiempo, la menopausia hacen lo que tienen que hacer, pero la sociedad, la salud y la educación hacen que una sienta esto como un fracaso.
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Dejamos de ser fértiles (si es que alguna vez lo fuimos). Dejamos de ser jóvenes. Y empezamos a sentir y a padecer de cosas que nadie nos dijo que nos iban a pasar. No sólo con nosotras mismas sino que también con la sociedad.
La falta de conocimiento sobre las cosas que nos van a pasar en nuestros cuerpos y en nuestras cabezas es llamativo.
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Nos preparan para un día empezar a menstruar y ser fértiles. Pero no nos dicen nunca qué nos pasa cuando ya no lo somos.
Históricamente han hablado de los calorones. Después se empezaron a nombrar algunos síntomas del ánimo o trastornos del sueño. Se habla de la disminución de la líbido. Y ahí muchas veces empezamos a sentirnos reemplazables. Algunas con miedo, otras no tanto.
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Las canas, las arrugas,…se trabaja tanto para ocultarlas. Tinturas, plasma, botox, lifting, cremas, colágeno, y tantas fórmulas con mayor o menor éxito. Éxito que depende de que los otros no puedan acusar nuestra verdadera edad.
Pero el Éxito no está asociado a la comodidad que una pueda sentir con los tratamientos realizados.
Miramos con admiración a veces a esas personas que con la misma edad que una se muestra delgada, o con un cuerpo similar al que tenia cuando era joven, sin pensar en el costo que puede tener esa decisión para esa persona. Miramos la forma, el tono muscular, el largo de la pollera, o el escote. Deseamos poder volver a tener el cuerpo que nos permitía ponernos esa ropa. Pero no nos acordamos si cuando nos poníamos esa ropa estábamos cómodas y contentas con el cuerpo que teníamos.
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Creo que llegó el momento de que las mujeres nos sintamos cómodas cuando pasamos por la menopausia. Demasiadas cosas nos pasan en el cuerpo y la cabeza como para además seguir metiéndonos presión para satisfacer una sociedad crítica, injusta e insaciable.
Vamos por más cuerpos reales, más orgullo de la vida vivida y más reconocimiento de lo aprendido y no sólo de lo que se muestra.
(*) Médica psiquiatra
Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2193 del 24 de mayo de 2026


