- 25/11/2025
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Los recursos naturales no aseguran riqueza

La paradoja de países potencialmente ricos que viven en extrema pobreza

Recorrer los datos y estadísticas de la pobreza en el mundo, a partir de informaciones que proporcionan diferentes organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o fundaciones y organizaciones que estudian el tema, permite advertir que no siempre la escasez de recursos naturales es el origen de la pobreza extrema.
Estamos hablando de países donde la mitad de la población no tiene acceso a agua potable, por lo que muchos, sobre todo, en zonas rurales, se ven obligados a hidratarse con agua sucia, lo que causa graves consecuencias en la salud.
Naciones donde la esperanza de vida ascienda a tan solo 50 años. Donde la malaria, diarrea y VIH son algunas de las enfermedades más frecuentes.
Lugares donde la alfabetización adulta masculina ronda la mitad de los habitantes, y la femenina cerca de un cuarto. Donde faltan médicos y hospitales y menos del 10 por ciento de sus caminos están pavimentados.
Lo grave es que en muchos casos esos países tienen grandes recursos naturales que no son explotados o que sólo enriquecen a unos pocos.
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Veamos algunos ejemplos.
Afganistán es considerado en estos tiempos el país más pobre del planeta con un producto Bruto interno per capita de sólo 434 dólares.
La pobreza de Afganistán se debe a décadas de conflictos, incluidas invasiones extranjeras, guerras civiles e insurgencias. La continua inestabilidad ha devastado las infraestructuras, socavado el desarrollo institucional y disuadido la inversión extranjera. La productividad del sector agrícola, del que depende la mayoría de los afganos, es baja debido a prácticas agrícolas anticuadas, escasez de agua y degradación del suelo. La corrupción generalizada y la debilidad del gobierno central dificultan aún más el desarrollo, y la economía sigue dependiendo en gran medida de la ayuda internacional. Además, la vuelta de los talibanes al poder en 2021 ha provocado el aislamiento de Afganistán de los mercados y sistemas financieros mundiales, asfixiando la economía y agravando las crisis humanitarias.
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Sudán del Sur con 448 dólares de PBI es el segundo país más pobre. Es considerado el país más joven del mundo ya que es independiente desde 201. La paradoja es que cuenta con petróleo, tierras fértiles y abundante ganado. Sin embargo, la inestabilidad política y la violencia han sumido a más de la mitad de su población en inseguridad alimentaria. Seis de cada 10 personas carecen de agua potable, educación o atención sanitaria y 2,7 millones de niños no pueden ir al colegio.
La pobreza de Sudán del Sur está ligada a su prolongada guerra civil, que estalló poco después de que el país obtuviera la independencia en 2011. La violencia desplazó a millones de personas, destruyó infraestructuras y perturbó la agricultura, eje de la economía. Además, la mala gestión, la corrupción y el conflicto por los campos petrolíferos han provocado una producción y unos ingresos irregulares del petróleo, principal fuente de ingresos de Sudán del Sur.
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En Somalia, 4, 4 millones de personas pueden sufrir hambruna extrema y 1,7 millones de niños padecerán desnutrición aguda antes de que acabe 2025, según la ONU. El país, que ha estado marcado por décadas de guerra civil, tuvo en septiembre pasado las primeras elecciones directas en más de medio siglo. No obstante, esta iniciativa encontró fuertes resistencias de líderes locales que se han beneficiado del desgobierno y de las desigualdades.
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La República Centroafricana posee diamantes, oro y tierras agrícolas de gran potencial, pero sufre una fragilidad institucional extrema. Grupos armados controlan gran parte del territorio y la violencia recurrente mantiene desplazadas a más de medio millón de personas. Además, según la ONU, 3,4 millones necesitan ayuda humanitaria y casi la mitad de la población no tiene suficiente para comer.
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En Níger, las reservas de uranio, oro y petróleo conviven con una de las tasas de pobreza extrema más altas del planeta. La sucesión de golpes de Estado (el último en 2023) ha debilitado aún más unas instituciones ya frágiles en un país cuya tasa de analfabetismo es superior al 70 %. La falta de un Estado de derecho sólido frena el desarrollo y deja unas cifras de pobreza escalofriantes: 4,5 millones de personas, incluidos 2 millones de menores, dependen de la ayuda humanitaria, y alrededor de 3,4 millones sufren inseguridad alimentaria.
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Otro caso paradógico es Sierra Leona. Con Un PBI per capita que apenas pasa los 500 dólares, el subdesarrollo de Sierra Leona tiene sus raíces en las secuelas de su brutal guerra civil de 1991-2002, que diezmó las infraestructuras y estranguló la actividad económica. Aunque es rica en diamantes, la mala gestión de los recursos y la corrupción han impedido que los beneficios económicos de la minería lleguen a la población en general. El país se vio aún más afectado por el brote de ébola de 2014-2016. La agricultura, principal medio de vida para muchos, sigue siendo improductiva debido a técnicas anticuadas y a la escasa inversión.
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En Madagascar casi el 80% de la población vivía en la pobreza extrema (es decir, tenía unos ingresos inferiores a 2,15 dólares al día) en 2023, la tasa más alta del mundo.
La pobreza está ligada a múltiples factores pero no hay dudas que las crisis políticas crónicas, incluidos los golpes de Estado y las elecciones impugnadas, han debilitado las instituciones y obstaculizado los esfuerzos de desarrollo.
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FInalmente es interesante el caso de Burundi, uno de los países más pobres del planeta en cuyo territorio fueron encontradas en 1974 el 3 por ciento al 5 por ciento de las reservas mundiales de níquel. También el estado dispone de reservas de oro, metales del grupo del platino y metales de tierras raras.
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La República Democrática del Congo es la principal productora de cobalto, por ejemplo, un elemento clave en las baterías de iones de litio. Sin embargo, la RDC sigue estando profundamente empobrecida. Las guerras civiles y los conflictos, alimentados por la competencia por los minerales, han devastado las infraestructuras y provocado millones de muertes y desplazamientos de ciudadanos a lo largo de los años. Los combates con la milicia M23 -supuestamente respaldada por Ruanda- continúan en el este del país. La corrupción generalizada, especialmente en el sector minero, impide que la riqueza llegue a la población; el gobierno es ineficaz e incapaz de proporcionar servicios básicos como sanidad, educación o seguridad.
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Burundi vive en un mundo de pobreza extrema pero orgullosa de que en su terririo viva la gente más alta del mundo (1,75 promedio las mujeres y 1,93 metros los hombres. Además, cuentan con los tamborileros reales de Burundi. Son considerados la principal atracción del país. El conjunto acompaña cualquier evento público.
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Como puede apreciarse los más pobres no son los que tienen menos recursos. En muchos casos son ricos en tierras fértiles, reservas minerales y potencial humano, lo que –algún día- les abrirá la puerta a inmensas oportunidades de desarrollo.


