- 07/04/2025
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…tenerla a mano


En mis actividades diarias, que son variadas, uso llaves. Para puertas, portones, candados o lo que sea. Para cada cosa, por lo general, necesito más de una.
También, como ocurre, cuando quiero abrir algo, las llaves están en otro lugar, o no las encuentro. Después de varias broncas, decidí unificarlas en un solo llavero…llaverote, porque quedó grande.
Es decir que cambié una inseguridad por una incomodidad. Ahora estoy seguro de poder abrir o cerrar lo que quiero porque todas las llaves están allí, juntas. El precio es tener cargar con un manojo pesado y difícil de llevar, porque no hay bolsillo que lo resista ni cinturón que lo reciba.
Así he pasado los últimos tiempos, tal vez años, hasta que me cansé de acarrearlas siempre.
Dispuse de tiempo y lugar para desarmar todo aquello. Ver cuál era para dónde y para qué servía cada una.
Algunas fueron fáciles de identificar y separar. Otras, no.
Para sorpresa encontré varias repetidas, alguna rota. Otras de lugares que ya no están. Al ir desmembrando aquello me pareció que tenía similitud con la vida. Porque muchas veces cargamos con situaciones que no podemos abrir o solucionar…por más que las tengamos a mano.
Otras veces, arrastramos las de puertas que ya no existen.
Otras, rotas, vaya a saber cómo y por qué, nos dicen que lo que sea, no fueron tan usadas ni necesitadas en todo aquel tiempo… como tantas ilusiones no concretadas.
Así las cosas, terminé con tres simples llaveritos que serán usados cuando sea, pero livianos, tranquilos, identificables y sin cargas pesadas, recuerdos ni tristezas pasadas.
Así pretendo seguir, alegre, optimista y buscando la más importante, la llave del porvenir, del futuro, la que sí quiero tener a mano.
Fuente: Publicado en La Pericana, edición 434 del 6 de abril de 2025


