• 30/11/2023
  • 3 de minutos de lectura

No confundamos locura con maldad

No confundamos locura con maldad

Laura Tamarit Por Laura Tamarit (*)

Cada vez que alguien hace algo malo, muy malo, es frecuente escuchar «que tiene en la cabeza? ¡Ese tipo está loco!»
Una de las grandes peleas que tenemos algunos de los que trabajamos en salud mental, en contacto con personas institucionalizadas, es la de romper el mito de que son personas malas y peligrosas.

El malo es malo, y no hay psiquiatría, psicología ni salud mental que lo modifique. Puede ser que un buen sistema de rehabilitación asociado al sistema penal pueda hacer lo suyo; de manera articulada con equipos de salud mental interesados y formados.

El malo muchas veces se hace el malo para «zafar» y muchas veces caemos en su trampa. Les creemos. Porque no nos tomamos el tiempo para evaluar. Porque para desenmascarar a un malo que se hace el loco hacen falta dos cosas. Desconfianza y tiempo.

El loco, es loco.  Y no por eso es malo. Puede necesitar una y muchas internaciones e intervenciones para conseguir su estabilidad. Para evaluar y darle contención a un loco, hacen falta tres cosas, tiempo, confianza y empatía. Y no son los locos los únicos que necesitan del sistema de salud mental. Lo necesitamos todos. No hace falta escuchar voces, o consumir sustancias para ir a un psiquiatra. Ni tener una depresión o un trastorno alimentario para ir a un psicólogo. Puede ser que nos pasen un montón de otras cosas y tener ganas de descubrirlos. Como tener angustia, no sentirse cómodos en el trabajo o en el colegio; no estar seguro de la identidad; pensar demasiado; tener problemas de concentración; insomnio; ser ansioso; ser inquieto. Tantas cosas pueden pasarnos que nos lleven a sentarnos y a descubrirnos a través de la palabra.

Pero todos, todos, tenemos cosas en la cabeza.

Por eso la próxima vez que escuchemos o leamos de alguien que hace algo malo, no digamos lo de siempre. Nombremos las cosas por su nombre, y digamos «Que Malo!» O si nos sale más suelto «Que pedazo de hijo de puta».

Porque no hay que confundir locura con hijaputez.

(*) Médica psiquiatra

Fuente: Publicado en Nuevo Mundo, edición 843 del 29 de noviembre de 2023

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