• 13/08/2026
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Advertencia por los ríos con mayores caudales: San Juan tiene puntos vulnerables

Advertencia por los ríos con mayores caudales: San Juan tiene puntos vulnerables

Las fuertes nevadas cambiaron el escenario hídrico y anticipan un deshielo que podría elevar considerablemente los caudales. Calingasta concentra las mayores preocupaciones, hay defensas pendientes y El Tambolar sigue sin cumplir su función como cuarto regulador del río San Juan.

San Juan comenzó a mirar el próximo deshielo con una preocupación que parecía lejana después de años dominados por la sequía: qué ocurrirá si una gran acumulación de nieve se transforma en un fuerte aumento de los ríos y coincide, además, con lluvias intensas en la cordillera, precordillera y los valles del oeste.

Todavía no existe un pronóstico hídrico oficial para todo el ciclo 2026-2027 que permita asegurar que el río San Juan superará su promedio histórico. Sin embargo, los datos disponibles ya modificaron sustancialmente el escenario respecto de los últimos años.

Las nevadas acumuladas durante este invierno fueron calificadas como extraordinarias en distintos puntos de la Cordillera. El propio Departamento de Hidráulica informó durante julio que algunas estaciones registraban acumulaciones cercanas a los dos metros, aunque pidió esperar hasta el final de la temporada para cuantificar cuánto de esa nieve terminará efectivamente convertido en agua para los ríos.

Y existe una señal aún más inmediata.

A comienzos de agosto, una recorrida de la Junta de Riego de Calingasta junto con personal de Hidráulica determinó que los ríos Los Patos y Castaño estaban aportando entre 35 y 36 metros cúbicos por segundo, un volumen considerado excepcional para esa época del año. En enero pasado, en pleno verano, el máximo registrado había sido de aproximadamente 26 m³/s.

El interrogante ya no pasa solamente por cuánto agua llegará, sino por a qué velocidad lo hará y si la infraestructura está preparada para contenerla.

Calingasta, el punto más vulnerable

Dentro del mapa provincial, Calingasta aparece hoy como el sector que genera mayor preocupación.

Fuentes del Gobierno provincial reconocieron que allí se encuentra uno de los puntos más débiles del sistema de defensas frente a eventuales crecidas. El problema radica especialmente en los ríos Los Patos, Castaño y sus afluentes, que recibirán directamente el aporte del deshielo cordillerano.

La Junta de Riego departamental ya reclamó al Gobierno y al Departamento de Hidráulica acelerar las obras antes de que lleguen las temperaturas altas.

Entre los trabajos solicitados aparecen siete espigones y unos 750 metros de defensas fluviales sobre la ribera norte del río Melado, además de intervenciones destinadas a proteger tomas de agua, canales, puentes, caminos y sectores poblados. El planteo de los regantes es que diciembre puede resultar demasiado tarde para comenzar esos trabajos.

El Gobierno tiene identificado un paquete de 12 obras estratégicas para Calingasta. Una fue realizada por Hidráulica y otras cuatro fueron seleccionadas para ser ejecutadas con participación de empresas mineras. Entre ellas figura una intervención asumida por Los Azules destinada al control de afluentes y al fortalecimiento de defensas.

El inconveniente es el tiempo.

Las propias autoridades reconocieron que varias de esas soluciones no pueden ejecutarse en pocos meses, por lo que durante la primavera y el verano tendrán especial importancia el monitoreo, el movimiento de suelo, el uso de maquinaria pesada y los refuerzos de emergencia.

El riesgo no depende solamente de la nieve

Una gran acumulación nival no necesariamente deriva en una crecida peligrosa. La variable decisiva será la forma en que se produzca el deshielo.

Si el aumento de temperaturas es gradual, el agua puede incorporarse progresivamente a los cauces. Pero un ascenso térmico brusco puede liberar grandes volúmenes en pocos días.

El riesgo aumenta si ese proceso coincide con lluvias sobre sectores con nieve acumulada, porque puede acelerar el derretimiento, incrementar la escorrentía y generar crecidas repentinas, desprendimientos y daños sobre caminos y puentes.

A ese escenario se suma un factor climático que obliga a aumentar la vigilancia. La NOAA informó en julio que El Niño se encuentra fortaleciéndose y proyectó una probabilidad superior al 90% de que alcance gran intensidad durante los próximos meses. Eso no significa automáticamente que San Juan vaya a tener más lluvias, pero sí aumenta la incertidumbre y la posibilidad de eventos meteorológicos extremos.

Por eso, técnicamente sería prematuro asegurar hoy que la provincia tendrá un verano lluvioso. La combinación que preocupa es otra: mucha nieve disponible, temperaturas altas y episodios puntuales de precipitaciones intensas.

Los diques, la principal herramienta de regulación

San Juan dispone de una ventaja estructural que no tenía décadas atrás: sobre el río San Juan funcionan en cadena Los Caracoles, Punta Negra y Ullum, que permiten almacenar agua y regular los caudales antes de que lleguen al Valle de Tulum.

Los tres embalses suman una capacidad máxima del orden de 1.500 hectómetros cúbicos, aunque su capacidad teórica no equivale al volumen realmente disponible en cada momento.

Precisamente allí aparece otra particularidad del escenario actual.

San Juan llegó a este invierno después de una campaña extremadamente seca. En marzo, Hidráulica había acordado entregar 678 hm³ para riego y advertido que, si se cumplían las proyecciones existentes entonces, los embalses llegarían a octubre cerca de sus cotas mínimas y prácticamente sin reservas operativas.

Paradójicamente, esa baja ocupación puede proporcionar capacidad para almacenar parte de un eventual excedente del próximo deshielo.

La prioridad oficial, de hecho, no sería trasladar automáticamente toda la mayor disponibilidad al riego, sino recuperar primero las reservas de los diques y favorecer la recarga de los acuíferos, castigados por sucesivos años de escasez.

El Tambolar, la pieza que falta

La mayor debilidad estructural aparece aguas arriba de Los Caracoles.

El Tambolar fue concebido precisamente para aumentar la capacidad de regulación del río San Juan, almacenar agua, reducir riesgos derivados de sequías y crecientes y producir energía. Pero la presa todavía no puede cumplir ninguna de esas funciones.

La megaobra quedó paralizada con aproximadamente 40% de avance después de perder su esquema de financiamiento. Las estimaciones conocidas ubicaban en alrededor de US$300 millones los recursos necesarios para finalizarla.

Su situación resulta especialmente sensible ante un año de fuertes crecidas porque el río actualmente atraviesa el sector donde está la construcción.

EPSE avanzó por eso con obras específicas para proteger lo ya construido y adecuar el cauce ante eventos extraordinarios. El proyecto contempla un encauzamiento preparado para conducir hasta 980 m³/s, terraplenes de defensa y protecciones contra erosión y sedimentación.

Pero existe una diferencia sustancial: esas obras protegen El Tambolar frente a una crecida; no convierten a El Tambolar en un dique capaz de almacenar esa crecida.

Mientras la presa siga inconclusa, San Juan continuará dependiendo fundamentalmente de Los Caracoles, Punta Negra y Ullum para regular el río.

De la sequía al desafío de administrar abundancia

Durante años, la discusión hídrica provincial giró alrededor de cómo distribuir un recurso cada vez más escaso. El invierno de 2026 abre, al menos potencialmente, una discusión diferente.

Las nevadas representan una oportunidad para recuperar embalses, acuíferos, vegas y reservas naturales deterioradas durante una prolongada sequía. Especialistas también advierten que parte de esa acumulación puede contribuir a recomponer reservas de largo plazo en alta montaña.

Pero más agua también exige infraestructura preparada.

El diagnóstico disponible muestra que San Juan cuenta con un sistema de tres grandes presas capaz de regular buena parte del río y ya inició intervenciones preventivas, pero mantiene puntos vulnerables: defensas pendientes en Calingasta, infraestructura expuesta en los ríos de montaña y un cuarto dique estratégico que permanece inconcluso.

La verdadera dimensión del desafío comenzará a conocerse hacia el final del invierno, cuando Hidráulica complete la medición de nieve y elabore el pronóstico de escurrimiento para 2026-2027.

Hasta entonces, el interrogante no es sólo cuánta agua tiene acumulada San Juan en la Cordillera. La cuestión decisiva será cuánto llegará de golpe y si las obras pendientes pueden ejecutarse antes de que comience el deshielo fuerte.

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