- 20/04/2026
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«Comida, educación y reciclaje: El lado solidario de ATA, la empresa gastronómica más grande de San Juan»

La llegada de grandes proyectos mineros a San Juan impulsó el desarrollo de proveedores de alta calidad que se radicaron en la provincia para convertirse en pilares de su economía. Una de estas firmas destacadas es Alta Tecnología Alimentaria (ATA), con 25 años de trayectoria y responsable de hitos logísticos sin precedentes. Dirigida por su propietario, Carlos Solá, ATA llevó a cabo la obra gastronómica y hotelera más grande de Argentina en el mega proyecto Pascua Lama, y hoy expande sus servicios al ámbito del Servicio Penitenciario Provincial y a la industria energética del sur del país. En esta entrevista, Solá aborda el desafío extremo de alimentar a miles de operarios en la alta cordillera, la vital importancia de desarrollar a los proveedores locales para que el progreso minero sea real y tangible en las comunidades, y su fuerte compromiso actual con la responsabilidad social empresaria a través de la capacitación y el reciclaje inclusivo.
—Carlos, ¿a cuánta gente llegaron a darle de comer simultáneamente en el momento de mayor auge minero?
—El máximo nuestro en un proyecto fue Pascua Lama, con 6.500 personas alojadas por día [1]. Teníamos que preparar el desayuno desde las cinco de la mañana hasta las diez para esas 6.500 personas, repartidas en dos comedores. Fue la obra gastronómica y hotelera más importante de la República Argentina, y todavía no ha sido superada. Todo esto se hacía a 4.000 metros de altura, lo cual representa un desafío logístico muy importante. Llegamos a tener 1.300 personas trabajando en dos turnos, bajo un régimen de 14 días de trabajo por 14 de descanso. Fue una labor impresionante y muy bien ponderada por el cliente.
—Hoy en día también prestan servicios en el Servicio Penitenciario Provincial. Es un escenario logístico y humano distinto, darle de comer a miles de personas que están privadas de su libertad.
—Así es, y precisamente venimos de firmar un convenio muy importante con el Servicio Penitenciario Provincial. A través de nuestro *programa de responsabilidad social empresaria, tenemos cursos de acción para propender a la educación y capacitación de muchos internos. Les estamos enseñando en áreas que nos incumben, como pastelería, gastronomía y cocina. Hoy asistí a una de las clases y vi a los internos muy involucrados y esperanzados en encontrar allí una herramienta muy valiosa para cuando les corresponda la salida. Si cuando cumplen su condena no tienen un buen trabajo y oportunidades, tienen un problema y vuelven a reincidir. Nosotros tenemos que trabajar fuertemente para evitar la reincidencia.
—Además de la alimentación y la capacitación, están impulsando un proyecto de reciclaje dentro del mismo penal, ¿verdad?
—Sí, tenemos un proyecto con la gente de «Bosque Urbano» para tomar las bandejas descartables en las que los internos comen nuestra comida. La idea es lavarlas allí mismo y llevarlas para reciclarlas y sirven para hacer muebles. Es un reciclaje económico extraordinario .
—Falla el servicio de comida en un penal y se puede generar un motín. ¿Cómo lidian con esa presión constante?
—La realidad es que el motín lo podés tener en un penal, pero también lo podés tener en un establecimiento a 4.000 metros de altura cuando no está lista la comida para los 4.000 o 6.000 obreros y empleados. Hay que ser muy responsables porque son servicios muy complejos. Hay que tener una alta calificación y una gran experiencia para poder brindarlos, algo que hemos construido a lo largo de nuestros 25 años instalados en la provincia.
—Llegaron a tener 1.300 personas trabajando. ¿Cuántos empleados conforman ATA actualmente y hacia dónde apunta su expansión?
—Hoy estamos en unas 150 a 180 personas, porque acabamos de tomar un servicio muy importante referido al Oil and Gas. Allí va a haber muchísimo trabajo por toda la obra que se viene en La Pampa, Neuquén y Río Negro. Afortunadamente tenemos capacidad ociosa para seguir creciendo. Nosotros nos radicamos en el año 2000 porque tuvimos la visión de que San Juan iba a ser una provincia de muchísimas posibilidades. Hoy San Juan está a las puertas de un desarrollo significativamente mayor al de esa primera etapa; de hecho, de los diez proyectos de cobre más grandes del mundo, hay seis en San Juan.
—Muchos empresarios sanjuaninos valoran que cuando ATA está a cargo, ellos pueden ser proveedores suyos. Pero a veces llegan empresas de afuera que traen absolutamente todo desde Buenos Aires…
—La competencia es sana porque te hace mejorar y optimizar. Yo creo que tenemos la obligación de desarrollar a los proveedores locales. Hay que darles oportunidades a los de Rodeo, Jáchal y Calingasta, porque si no las comunidades no progresan y tenemos un gran déficit. Si no generamos ese desarrollo, la gente no verifica el beneficio de la minería y te dicen «pasan los camiones y a mí no me queda nada». Las compañías tenemos proyectos para desarrollar ese entramado y lograr que ese beneficio que otorga la minería caiga realmente para todos


