- 02/12/2024
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La estabilidad de los vecinos


Uruguay acaba de terminar un proceso electoral que consagró al candidato del Frente Amplio, Yamandú Orsi. De tendencia de izquierda, va a reemplazar a Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional, de derecha. Que a su vez fue el sucesor de Tabaré Vázquez, que era del Frente Amplio. Y las políticas económicas de Uruguay no han variado mucho, todos respetaron su sistema bancario, apostaron al turismo, son ordenados y buscan un Estado eficiente.
Nadie duda en la república oriental, que Lacalle va a estar presente en la asunción del mando de Orsi y va a ser una transición ordenada.
En Chile, más allá de las profundas protestas sociales de hace unos años, no han cambiado el rumbo de la economía, pasando por gobiernos de derecha y de izquierda, cuidando el gasto estatal y defendiendo actividades como la agricultura y la minería.
El mismo Brasil, crece a ritmos importantes por más que en lo político se destrocen los de Lula y los de Bolsonaro.
Todos estos países tienen sus problemas. Eso sí, marcan algunas políticas de Estado que hace años dejaron de discutirse.
En Argentina, discutimos todo. Durante décadas convivimos con índices de inflación como si fuese normal. Después de datos anuales superiores al 100%, festejamos tener 3% mensual, cuando ese número es lo que tienen por año los demás países. Y el empresario argentino se acostumbra a situaciones que harían quebrar a cualquier empresa del mundo.
Esto no es normal, como tampoco es posible un país sin crédito a los emprendedores, una informalidad superior al 50% o jubilaciones de privilegio otorgadas por los políticos a los propios políticos, que son 60 veces más de lo que cobra la mayoría de los jubilados del país.
Este es un país en donde la oposición siempre exige el respeto de la Constitución y de las instituciones. Y si esa oposición pasa a ser oficialista, ya no quiere lo que reclamaba. Y los oficialistas, al pasar a la oposición, empiezan a reclamar lo que nunca aceptaron de mejoras institucionales.
Lo malo de todo esto es que se normaliza como sociedad lo que no es normal. Y siempre hay que empezar de nuevo. Y todo es blanco o negro. Pasamos de ser estatistas a privatizar todo, para volver a nacionalizar las empresas -con juicios internacionales de por medio que nos condenan por miles de millones de dólares- y volver a vender todo.
Se pasa de agrandar el Estado en forma inescrupulosa a cerrar instituciones importantes.
Y la verdad es que ya cansa que no puedan acordar cuestiones básicas.
Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2126 del 30 de noviembre de 2024


