• 09/09/2026
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La práctica del malhablado

La práctica del malhablado

elio azerrad Escribe: Elio Azerrad *) –

Cuando en la década del 50, siglo pasado, aparecía un troglodita que mascullaba odio y lo supuraba en las letras de su verborragia, se lo denominaba malhablado.

Despertaba rechazo entre los bienintencionados del idioma y los que defendían la educación a partir del modo de comunicarse con el otro. Bien educado, bien hablado; era un axioma.

Alfonsín, ejemplo regio de tal virtud, encontró en el discurso armónico, inclusivo y paternal, la fórmula para acceder al prestigio de conducir los destinos de las gentes. Con suerte dispar, en su contemporaneidad, logró afianzar su afabilidad y bonhomía legando institucionalidad que malversamos, vilipendiamos y aun así perdura; la democracia argentina.

Lo peor que se le escuchó decir y mudó en frase incunable desde entonces fue “a vos no te va tan mal gordito”.

ALFONSIN
“A vos no te va tan mal gordito”. Fue en 1987, en Chos Malal, Neuquén, durante un acto del entonces presidente Alfónsín, quien reaccionó rápido e intempestivamente frente al reclamo de un sindicalista.

El discurrir de los años y cierta agresividad en escalada promovieron que la era kirchnerista arremetiera con ciertas estocadas que fueron desde perder el trato de “usted” entre contrincantes políticos y mediáticos, al acercamiento forzado del “vos”, no siempre feliz. Todos recordamos el “¿Qué te pasa? ¿Estás nervioso?”

KIRCHNER
¿Qué te pasa, Clarín? ¿Estás nervioso, Clarín? La famosa frase la dijo Néstor Kirchner en marzo del 2009, en un acto del Partido Justicialista en Catamarca.

Le siguió la nada misma del paso de Alberto por la Casa Rosada y la gestión borrosa, sin altibajos verbales e incluso muy por el contrario, esbozó palabras de amor a varias damas que se aposentaban en los sillones que recibieron las sentaderas de presidentes argentinos; allí, en vez de malhablados estaban malsentadas. Ese fue el primer presidente que nos legó Cristina.

El segundo, por contraste con el primero, al que le dejó abierta la hendija para que entre ese nuevo discurso y gane las elecciones últimas, pletórico de agresiones y palabras de cancha de fútbol, en pleno ejercicio de su poder (no dije facultades, dije poder), avanzó diez casilleros en la ordinariez del discurso, se puso desmesurado y sin control a deshonrar gentes e instituciones, hombres de profesión y aporte a la sociedad desde sus puestos de conducción u opinión. Y como los ejemplos se trasmiten de arriba hacia abajo, hoy no hay modo que una madre correctiva limite el lenguaje procaz y ofensivo de su hijo si oye a la máxima autoridad institucional repetir frases tales como:

Imagen2

“Exponiendo a las mierdas mentirosas. Mierdas humanas” (está hablando de personas…)

“Basuras. Ratas inmundas. Parásitos mentales”. (está hablando de personas…)

“El representante del maligno en la Tierra”. (Esta le tocó al Papa Francisco)

«Basura inmunda asquerosa que vive operando», «delincuente mal parido», «basura repugnante» y«mercenario de la casta» (Descripción “antropológica” de Carlos Pagni).

MILEI

¿Habrá alguna instancia, ya eliminado prontamente por este gobierno el INADI, que eduque al desmesurado verborrágico y lo lleve a la consigna de que comprenda que, aunque no quiera (o quizás sí) en su rol institucional está en forma permanente educando, dando ejemplo, brindando un modelo, ejecutando un rol y desarrollando una función?

¿Deberá pensar la justicia argentina en un Tribunal de Ética Institucional que acepte denuncias de “destrato por abuso de poder”, o bien “violencia y violación a la civilidad y el respeto”?

¿Podrá ser penalizado, una vez que termine su función, («Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora» Eclesiastés 3:1) por incumplimiento de los deberes de funcionario público por avasallar con la educación en el trato y pregonar mal ejemplo?

La respuesta a estos tres interrogantes es no.

HABLA 2

Quién mejor que Julio Cortázar, en su discurso de 1981, “El Valor de las palabras”, para graficar el riesgo al que nos está sometiendo esta agresividad presidencial.

Dice Julio Florencio: “¿Con qué derecho digo aquí estas cosas? Con el simple derecho de alguien que ve en el habla el punto más alto que haya escalado el hombre buscando saciar su sed de conocimiento y de comunicación, es decir, de avanzar positivamente en la historia como ente social, y de ahondar como individuo en el contacto con sus semejantes. Sin la palabra no habría historia y tampoco habría amor; seríamos, como el resto de los animales, mera perpetuación y mera sexualidad. El habla nos une como parejas, como sociedades, como pueblos. Hablamos porque somos, pero somos porque hablamos. Y es entonces que, en las encrucijadas críticas, en los enfrentamientos de la luz contra la tiniebla, de la razón contra la brutalidad, de la democracia contra el fascismo, el habla asume un valor supremo del que no siempre nos damos cuenta.”

(*)

Fuente: Publicado en La Pericana, edición 504 del 5 de septiembre de 2026

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