- 17/02/2025
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Sin tacha


Buscaba datos sobre el técnico en aire acondicionado porque, como corresponde. se descompuso el día más caliente del año. Buscá a otro por internet, me dijo mi hijo. No; busco a quién lo instaló bien y no es un chanta desconocido, le contesté. Así las cosas, terminé con mi antigua agenda, de papel, con espiral, bastante usada y noble. Entre sus hojas hay un montón de papelitos sueltos, con anotaciones y comentarios de cada caso. No me acordaba que debía tener cuidado al manipularla porque si no, se caían y desparramaban. Como ni siquiera me acordaba del apellido, comencé a ver hoja por hoja, y de paso me entretenía, pensé. Fueron apareciendo nombres, fechas, lugares y tantas cosas más que me entretuve un buen rato. Sí, fue «bueno» el rato porque al poco andar, la nostalgia se escapaba de los renglones.
Aquel plomero que nos salvó de ahogarnos; después, el pediatra de nuestros hijos y así fueron apareciendo no solo nombres y direcciones, fueron recuerdos, lindos y de los otros, porque a medida que pasaban las hojas, alguien ya no existía. Alguien dejaba un hueco con sus recuerdos. Otros seguían de mala manera y muchos seguirán allí, quietos y esperando el tiempo. En menor cantidad aparecían lindos recuerdos, de vacaciones o cumpleaños. Todo lo anotaba, porque no es una agenda convencional. No tiene » algo de alguien»; tiene un montón de alguien, a su modo, con pelos y señales. Fue un viaje en el tiempo que me llenó de nostalgia y me hizo notar que debo estar contento de ser yo el que tache nombres y, todavía, no ser tachado.
Fuente: Publicado en La Pericana, edición 427 del 16 de febrero de 2025


