- 23/12/2024
- 4 de minutos de lectura
Improvisados


En esta vida hay cosas que se pueden improvisar y otras que no.
Depende de las circunstancias, de quién las encare, con qué recursos se cuenten, del coraje o de la necesidad.
Se puede improvisar una comida, aunque cada día cueste más.
Se lo puede hacer con la música, en la que se valora, precisamente, «la improvisación».
También en otras expresiones artísticas se improvisa. Es común que alguien improvise algún discurso.
Donde no está permitido improvisar es en la ciencia donde todo tiene un orden y un porqué. Se sabe que para obtener un buen resultado hay que tener objetivos claros y una minuciosa planificación de procedimientos y evaluación constante de resultados. Si hay errores o desviaciones, se corrigen y se aprende para seguir.
No se puede improvisar una operación del corazón ni en una central atómica. Tampoco se debería improvisar en la economía. aunque siempre sufrimos más de una «medida» tomada improvisadamente.
Un payaso o un cómico pueden improvisar a lo largo de la función, pero no un bioquímico.
En otros casos, la improvisación es el broche final de una carrera súper perfeccionada en algo como es súper maestro del ajedrez que en la última jugada improvisa un jaque inesperado.
O ese poeta enamorado que saca de su corazón un improvisado poema.
Quienes no debieran improvisar nunca son esos personeros que se les llama políticos. Esos que manejan los intereses y la vida de comunidades enteras como si fueran un simple juego y, ni siquiera, son capaces de soluciones elementales y eficaces.
Como se ve, en la vida están los que improvisan por inexpertos, por super expertos… o por caraduras.
Fuente: Publicado en La Pericana, edición 425 del 22 de diciembre de 2024


