• 28/10/2024
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Serendipia

Serendipia

Gustavo Ruckschloss Por Gustavo Ruckschloss –

Parado, mientras esperaba que el semáforo me diera el paso en una esquina céntrica y muy transitada, noté que algo brillaba dentro de una junta del pavimento.
Casi escondido y pegoteado por el paso del tiempo y las mugres de los vehículos. 
Cuando pude, me acerqué y como viejo curioso. Lo saqué con bastante trabajo antes que volviera la luz roja y me atropellaran. 

Ya en casa saqué del bolsillo el hallazgo, lo lavé bien y lo cepillé con detergente.  
No quedó a mi gusto porque no se notaba bien ninguna imagen de aquella moneda dorada.  
No era común ni nuestra. No es redonda, insólitamente tiene siete lados.  Ni seis ni ocho como esas chinas que se ven por ahí.
Debe haber sufrido bastante tiempo el maltrato porque está marcada por golpes que le desdibujaron su superficie. 
Se veía algo parecido a un águila en una de sus caras y lo que fue la imagen de algún prócer o rey, en la otra. 

Por suerte no se alcanzaba a saber de dónde era ni de qué año.  No era de oro sino de vil material. Se descubría, dentro de la maltrecha superficie, un número cinco y unos laureles.   
Por más que limpié y pulí, no pude descifrar algo que me guiara hacia su origen. 
Para colmo, los golpes dejaron toda la superficie picada con marcas como cuñitas. 
No solo impedían ver lo de abajo, sino que semejaban múltiples espejitos de tal forma que desde donde se mirara, reflejaban brillitos cautivantes.
Sí, cautiva es la palabra, porque sirvió para imaginar lo que quisiera.   
Ninguna precisión y mucha insinuación. 
Singular en todo, desde un número inusual de lados hasta su ubicación.  Sus sonoros brillos y su silenciosa imagen. Esa que no habla de origen ni fecha. 
Creo que, por suerte, porque puedo imaginar que fue de Napoleón o que se le cayó a San Jorge peleando con el dragón.
O, más cerca: se le cayó del bolsillo a Hitler cuando lo apuró el semáforo.
A veces lo indefinido nos abre la imaginación y nos ayuda a soñar y creer, a gusto, lo que se nos ocurra.
Total, nadie puede probar lo contrario.


Fuente: Publicado en La Pericana, edición 417 del 27 de octubre de 2024


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