• 21/10/2024
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Simplificar

Simplificar

Gustavo Ruckschloss Por Gustavo Ruckschloss –

Desde que alguna vez me contaron la historia de Aladino y su lámpara maravillosa, de vez en cuando me acuerdo de ella y me pongo a pensar. De chico creía que le pediría al genio los tres deseos más importantes para esas edades como una bicicleta, golosinas a más no poder y lo más importante: ser grande. A medida que pasaba el tiempo, los deseos cambiaban. En la adolescencia pasaban a ser otros, como aprobar todas las materias del secundario; que la chica más bonita se enamorara locamente de uno; conseguir la motocicleta que todos querían; tener la ropa que estaba de moda; medir unos centímetros más para no ser el más petiso del curso; tener el físico de un atleta o ser el más inteligente de todos y poder lucirme siempre. Podía haber variaciones, como por ejemplo, hacer desaparecer a ese compañero repelente que siempre envidiábamos y que nos hacía quedar siempre como perdedores. O que “la vieja de matemáticas” se enfermara para la fecha del examen. También ser el mejor del equipo de fútbol para que todos en el barrio hablaran de uno. A medida que los años sumaban y aunque nos pareciera ridículo creer en tal posibilidad, no dejábamos de pensar, cada mucho tiempo, en lo lindo que sería que ese tal genio apareciera. Y, en ese caso, tener bien pensado qué pedirle, no fuera cosa que por no haberlo previsto, perdiéramos la mejor oportunidad de la vida. Pedirle que en lugar de tres deseos fueran veinte, o que fuera uno con todos los mil y un detalles que le pondríamos, desde la eterna juventud hasta enamorar a la atleta rusa que ganó las olimpíadas, junto con un auto fascinante como los que tienen los superricos.

Tener en cuenta que, tal vez, las mujeres también hayan pensado alguna vez en el genio de la lámpara y ellas tendrán su lista de deseos y preferencias.
Tal vez más incrédulas, pero seguro que alguna vez lo pensaron.

Ya de veteranos, y habiendo vivido variedad de experiencias, vemos que todo, todo, todo lo que a uno se le pueda ocurrir, se soluciona o consigue con una sola cosa: con dinero. Es decir que ni hace falta pensar en casi nada, solo en decirle que queremos una graaaaaan cantidad de dinero bien resguardado y disponible, y listo.

Solitos se irán cumpliendo todos los deseos. Si no lo cree, póngase a pensar que no hay cosa, persona o hecho que no se pueda comprar, alquilar o solucionar con plata, la que sea. Es cuestión de pedir bastante; luego se verá…


Fuente: Publicado en La Pericana, edición 416 del 20 de octubre de 2024


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