• 24/06/2024
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Ver para creer

Ver para creer

Gustavo Ruckschloss Por Gustavo Ruckschloss

Se llama Guillermo.

Es humilde en todo el sentido de la palabra, aunque sea enorme en perseverancia y recursos humanos, no materiales. Hace años, por algo cruel e inexplicable, perdió la vista. No ve, lo recalco.   

No obstante, le puso voluntad y ganas de superarse y no quiso nunca ser considerado discapacitado. Así encaró las circunstancias y consiguió cosas que, los que nos creemos completos, no somos capaces de ni siquiera de encarar.

Lo conocí gracias a un gran amigo y apoyo incansable de la comunidad no vidente, el profesor Manuel Rodríguez. Quien, alguna vez lo mencionó en una charla y le dije que me gustaría conocerlo. Gracias a él pude saber de esa muestra de superación que es Guillermo.

Hace lampazos, chicos y grandes, escobas y cosas afines. Construye todo, desde las maderas que va trabajando en distintas formas con máquinas que, de solo verlas, llenan de miedo.  

Sus manos, sanas perfectas, sin un rasguño por más riesgo que implica su trabajo, lo pueden hacer gracias a su ingenio para crear los más insólitos mecanismos y al estudio de cada paso que da para concretar cada etapa de los trabajos.

Es increíble ver cómo corta, agujerea o perfora cantidades de madera; cómo enhebra piolas de pabilo o atrapa manojos para las escobas…con todos los dedos sanos. Tan sanos como su buen humor y su merecido orgullo por lo que hace.     

Verlo en su mundo singular, es como mirar a un alquimista trabajar en cosas increíbles que él las hace ciertas porque le pone magia y las saca a la luz. Esa luz mezquina para él y generosa para los demás. Sin huelgas ni piquetes. No pretende nada de arriba.   

Su dignidad le importa más que sus necesidades, que no son pocas.   

Se ofende si no lo tratan como de igual a igual. Él es un trabajador como cualquiera, dice.      

Yo me vengo convencido que no es así.  Convencido que aparte de ser admirable, es el mejor ejemplo para los que buscan el porvenir.

Odia las dádivas y es orgulloso de lo que ha conseguido a fuerza de superar uno y mil tropiezos que la vida le puso.      

Él simplemente, dice que la vida se conquista, no se manguea.


Fuente: Publicado en La Pericana, edición 399, del 20 de junio de 2024


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