- 31/07/2026
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Boy Olmi: «Simplemente soy una persona a la que le pasan cosas»

El reconocido actor Boy Olmi llega a San Juan con un espectáculo único, aterrizando en un día marcado por el viento Zonda y la tristeza local por la despedida de trabajadores abocados a la prevención de incendios. En este contexto, Olmi afirma que su obra viene a «traer amor a la gente». Su nueva propuesta en el Cine Teatro Municipal, titulada «Boy», escapa a las etiquetas tradicionales. Lejos de ser un unipersonal convencional, él lo define como un «experimento personal» en el que se presenta sin máscaras de ficción para explorar la esencia de la humanidad. En esta entrevista, el actor reflexiona sobre nuestros vínculos, el uso de la tecnología, la fragmentación de la sociedad y el poder sanador de conectar el pensamiento con el corazón.
—Llegás a San Juan con una propuesta muy distinta en tu carrera. ¿De qué se trata exactamente este espectáculo?
—Esta obra que estoy haciendo es toda verdad, no hay nada de lo que se dice que sea ficción. Está basada en experiencias, vivencias y emociones que me atravesaron, pero que a su vez me emparentan absolutamente con el público, porque a todos nos pasan cosas muy parecidas. En esta obra se habla de los vínculos, de los padres, de los hijos, del amor, del trabajo y del sexo. Siento que es más un experimento personal que un unipersonal, porque no estoy protegido por un personaje, sino que me presento abierto, «desnudo de alma» frente a la gente.

—Hablaste de la angustia y de cómo hoy solemos evadirnos. ¿Qué rol juega la tecnología en esta desconexión?
—La angustia y el sufrimiento son inherentes a la condición humana. Hoy, una de las formas de evadirse de esa angustia es perdiendo horas y horas pegados a una tecnología que, si bien es fabulosa como herramienta, a veces funciona como una especie de droga a la que acudimos para no estar en contacto real con lo que nos pasa. Estar en el presente, mirar el cielo o ver las estrellas es profundamente sanador. Además, sufrimos porque vivimos disociados; deberíamos ser la misma persona cuando trabajamos, cuando estamos con nuestros hijos o en un canal de televisión, porque esa disociación hace que nos enfermemos y la pasemos mal.
—¿Cómo ves a la sociedad actual, que parece estar cada vez más polarizada, y qué lugar ocupa el arte en ese contexto?
—La humanidad está pasando por un momento muy desafiante, que a veces pone en peligro hasta la continuidad de nuestra propia especie. Frente a un mundo que todo lo divide binariamente (joven o viejo, rico o pobre, izquierda o derecha), creo que tenemos que empezar a unir las partes. Todos somos un sistema interconectado viviendo en la misma casa que es la Tierra. Por eso, el rol de los artistas es oficiar de antena y darle voz y luz a lo que nos pasa a todos. El teatro cobra un valor sagrado porque es una ceremonia en la que ves a una persona en vivo poner el cuerpo y derramar lágrimas, combatiendo esa anestesia inconsciente que nos meten las redes sociales. Los actores, al pararse en el escenario, ofician de sacerdotes de una religión universal que busca responder qué nos está pasando.
—¿Qué mensaje o sensación esperás que el público se lleve a su casa después de la función?
—Los invito a pensar, pero más que nada a permitirnos sentir juntos cosas que conectan la cabeza con el corazón. El pensamiento, ese hemisferio izquierdo que nos hace ruido en la cabeza, si no está en contacto con el corazón es una máquina que no nos deja dormir. Quiero que nos demos cuenta de que todos necesitamos las mismas cosas: necesitamos que nos escuchen y que nos quieran. En definitiva, la búsqueda de la felicidad tiene que ver con querer ser queridos.
—Si en el futuro alguien pregunta quién fue Boy Olmi, ¿cómo te gustaría que te definan?
—En este espectáculo invierto mucho tiempo en preguntarme quién soy yo y quién es cada uno de nosotros . Y a la conclusión a la que he llegado es que simplemente soy una persona a la que le pasan cosas. Vos, yo y cada uno de los que están en el público somos personas a las que nos pasan cosas, y eso es lo bello de sentirnos hermanados. Un encuentro así no es diferente a estar comiendo un asado o caminando juntos por una playa bajo las estrellas. Encontrarnos en ese lugar de humanidad es lo que me permite decir que soy nada más que una persona a la que le pasan cosas, como a todo el mundo


