- 04/09/2026
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Milei acelera la Base Naval de Ushuaia en plena tensión por Malvinas

El Gobierno reforzará los recursos de Defensa para avanzar con un complejo militar y logístico proyectado hace más de una década. La obra apunta a ampliar la presencia argentina en el Atlántico Sur y convertir a Ushuaia en un nodo clave para las operaciones hacia la Antártida.
El presidente Javier Milei decidió acelerar la construcción de la Base Naval Integrada de Ushuaia, un proyecto estratégico que lleva más de una década en planificación y cuyo avance quedó muy por debajo de los plazos previstos. El nuevo impulso llega en medio de la creciente tensión por la explotación de hidrocarburos alrededor de las Islas Malvinas y del renovado interés geopolítico sobre el Atlántico Sur y la Antártida.
El Gobierno prevé ampliar mediante un decreto de necesidad y urgencia los recursos del Ministerio de Defensa, con la base como una de las prioridades. Milei definió la infraestructura como una pieza destinada a convertir a la Argentina en un polo logístico del Atlántico Sur y sostuvo que será “fundamental para la proyección geopolítica de la Argentina”.
El proyecto tiene dos objetivos centrales: fortalecer la capacidad argentina de vigilancia y operación en los espacios marítimos australes y consolidar a Ushuaia como plataforma de abastecimiento y apoyo para las campañas antárticas. Por su ubicación, la ciudad constituye uno de los principales puntos de acceso marítimo desde Sudamérica hacia el continente blanco.
La iniciativa no nació durante la actual administración. Los antecedentes oficiales se remontan al menos a 2010 y atravesaron gobiernos de distinto signo político. Las primeras obras comenzaron formalmente en marzo de 2022, durante la presidencia de Alberto Fernández, pero los trabajos avanzaron lentamente y nunca alcanzaron las etapas centrales del complejo.
La dimensión prevista muestra la importancia del proyecto. Los diseños elaborados por la Armada y el Ministerio de Defensa contemplan un gran muelle con aproximadamente 1.050 metros lineales de atraque, sobre una superficie cercana a los 15.640 metros cuadrados, con profundidades que van desde los 6 hasta los 16 metros.
Esa profundidad permitiría operar con unidades de gran porte, entre ellas el rompehielos ARA Almirante Irízar, además de destructores, corbetas, avisos y patrulleros oceánicos, aunque las capacidades definitivas dependerán del diseño final de las instalaciones.
La primera etapa contempla el muelle, redes de servicios, infraestructura para operaciones marítimas y aproximadamente 10.100 metros cuadrados destinados específicamente a logística antártica. Allí se proyectan galpones, talleres, cámaras frigoríficas, depósitos de combustibles y equipamiento para carga y descarga.
Una segunda etapa prevé alrededor de 39.000 metros cuadrados de edificios para el Comando del Área Naval Austral y la Base Naval, mientras que una tercera incluye viviendas destinadas al personal de la Armada.
El objetivo final excede así la construcción de un puerto militar. La intención es disponer de capacidad para recibir, abastecer y mantener buques durante operaciones prolongadas, reducir las distancias logísticas y reforzar la vigilancia de los recursos dentro de los espacios marítimos argentinos.
El proyecto también quedó atravesado por la disputa geopolítica entre las principales potencias. En abril de 2024, Milei visitó Ushuaia junto a la entonces jefa del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson, y planteó la posibilidad de convertir al país en una “puerta de entrada al continente blanco”. Sin embargo, Defensa informó posteriormente al Congreso que no existe un acuerdo con Estados Unidos para construir una base conjunta, que Washington no aportó fondos ni materiales y que la ejecución y el control corresponden exclusivamente al Estado argentino.
El nuevo impulso se produce ahora con Malvinas nuevamente en el centro de la agenda. El avance de proyectos hidrocarburíferos alrededor de las islas llevó al Gobierno a vincular el fortalecimiento de las capacidades militares y logísticas con la protección de los recursos naturales y la presencia argentina en el Atlántico Sur.
La apuesta de Milei es que una obra largamente postergada deje de ser sólo un proyecto y transforme a Ushuaia en una plataforma capaz de sostener operaciones navales, abastecer las campañas antárticas y reforzar la posición argentina en un espacio que tendrá creciente peso estratégico durante las próximas décadas.