• 09/12/2025
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La institucionalidad devaluada

La institucionalidad devaluada

Escribe: Juan Carlos Bataller Plana –

La jura de los nuevos diputados nacionales el miércoles pasado fue una muestra de un Congreso devaluado por culpa de sus integrantes.

Un legislador chaqueño haciendo comentarios sexistas, un diputado jurando por Palestina y Gaza, legisladores chicaneándose, silbidos y gritos como si estuvieran en una cancha, una diputada que decidió continuar dos años más en ese cargo porque no va a poder asumir como senadora por denuncias de vínculos con el narcotráfico, varios de los elegidos que decidieron no asumir y en su lugar juraron diputados que no encabezaron las listas…

El Congreso de la Nación es el lugar en el que el pueblo puede deliberar y controlar. Lo hace a través de sus representantes. Y ahí parece ser que este concepto está devaluándose.

Desde hace tiempo es más importante ganar una elección que representar a su gente. Por eso es que empezaron a surgir las candidaturas testimoniales en 2009. Esta semana estaba un politólogo chileno en San Juan y le costaba entender cómo podía permitirse que existieran las candidaturas testimoniales. Y menos entendía que la gente lo aceptara como algo normal.

Desde hace años -quizás empezó con el menemismo- la política se volvió muy pragmática.

Pasó a ser un dogma que el fin justifica los medios y pueden observarse cómo los políticos pasan de un partido a otro.

Hace 20 años, en los primeros tiempos de construcción de poder de Néstor Kirchner, un hecho conmocionó a la política argentina.

Eduardo Lorenzo Borocotó, un prestigioso médico pediatra con activa participación en los medios de difusión, se presentó como candidato a diputado nacional por el PRO. Y antes de asumir el 10 de diciembre de 2005, anunció que iba a pasarse al bloque kirchnerista. A partir de ahí, se empezó a utilizar el término de “borocotización” de la política. Y fue el símbolo de los tránsfugas de los ideales partidarios por haberse cambiado de camiseta antes de empezar su mandato.

La vida pública de Borocotó se terminó en ese momento más allá que fue cuatro años diputado. Pasó a ser la imagen de la vergüenza, de la traición, del repudio. Incluso se abrieron investigaciones en la Justicia -a cargo de la eterna María Romilda Servini- porque se planteó que las bancas eran de los partidos y no de las personas. Y cuando alguien decide apoyar lo contrario de lo que sostiene su espacio, debe dejar su banca. La jueza afirmó que no era una cuestión justiciable y rechazó el planteo.

Si Borocotó hiciera lo mismo en estos momentos, hasta sería felicitado. En estas dos décadas, cambiaron tanto los parámetros morales de Argentina que a nadie sorprende si se pasan de un bloque a otro, si se presentan como candidatos para no asumir, si se vota en contra de los ideales de un partido…

Todo vale, y como dijo en su momento Julio Grondona “todo pasa”… lamentablemente.

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